Mientras avanza el plan de la administración Trump para construir nuevos tramos de muro y colocar barreras en el Río Grande, algunos habitantes de la frontera con México manifiestan inquietudes por sus propiedades y el impacto ambiental.
La iniciativa del gobierno de Estados Unidos para extender el muro fronterizo y fortalecer las barreras fluviales contra la inmigración ha generado reacciones entre los residentes del lado estadounidense de la frontera con México. El plan, comunicado en las últimas semanas, engloba la construcción de un muro en nuevos tramos y la colocación de barreras en el Río Grande, con el objetivo de controlar la inmigración indocumentada.
En este contexto, algunos habitantes de Texas han expresado su preocupación. Elsa Hull, residente de San Ygnacio en el condado de Zapata, mantiene una lucha diaria para evitar que topógrafos ingresen a su propiedad de tres acres, donde además de vivir tiene un santuario de aves. Debido a la cercanía de su terreno al Río Grande, la ampliación del muro podría ubicarse junto a su propiedad, y la zona de vigilancia incluso extenderse hasta su patio o vivienda.
Ricardo De Anda, de la ciudad de Laredo, también se ve afectado, ya que el gobierno necesita parte de su terreno para la obra. De Anda espera una oferta de compra y manifestó que no dudaría en demandar si no se llega a un acuerdo para defender su tierra.
Paralelamente, la colocación de nuevas boyas en el Río Grande como parte de la operación de control fronterizo ha recibido críticas de especialistas. Bekah Hinojosa, cofundadora de la Red de Justicia Ambiental del Sur de Texas, alertó sobre el riesgo ambiental y el daño al entorno natural. Mark Tompkins, especialista contratado por un grupo ambientalista de Laredo, señaló que el principal riesgo es que las boyas se suelten y generen problemas graves al engancharse en puentes o secciones del muro.
Asimismo, la ampliación del muro ha generado cuestionamientos ambientales. Según reportes, residentes argumentan que la estructura dañará un paisaje considerado sagrado y tendrá consecuencias negativas para el turismo de la zona.
