El reparenting o reparentalización es un proceso terapéutico en el que los adultos aprenden a ser los padres que necesitaron de niños, para reparar heridas emocionales y mejorar su bienestar.
Una usuaria anónima comparte en Reddit su experiencia con el reparenting: “El 30% de mi reparenting está ligado al trauma materno. Mi mamá era extremadamente impredecible cuando yo era niña”. Su testimonio refleja una realidad que afecta a muchos adultos que tienen dificultades para regular sus emociones, ser compasivos consigo mismos o poner límites claros, como consecuencia de una crianza en la que los padres no estuvieron presentes física o emocionalmente, instalaron la idea de que debían ganarse el cariño, o no actuaron como figuras paternas adecuadas.
La psicóloga Ailen Lescano, especialista en trauma, explica que “re-maternarse o re-paternarse forma parte de los procesos terapéuticos actuales centrados en la reparación de la infancia”. Agrega que reconocer y aceptar el pasado es clave, pero no suficiente: “La persona debe salir del papel de víctima y entender que ahora es su responsabilidad reparar lo resquebrajado”.
El término reparenting tiene origen en el Análisis Transaccional de los años 60, que sostenía que todas las personas internalizan figuras parentales que regulan su autoestima y forma de vincularse. Sebastián Ibarzábal, psicólogo clínico, señala que “la corriente propone complementar las voces de esos cuidadores con mensajes más compasivos”. Para él, la versión que circula hoy en redes es simplificada, y su auge responde a tres factores: generaciones con más acceso al lenguaje psicológico, menos tabú para revisar la historia familiar y mayor difusión en redes sociales.
Javier Rodríguez Arias, psiquiatra infantojuvenil, añade que “hoy los jóvenes tienen más conciencia sobre las consecuencias de las heridas emocionales de la infancia a largo plazo, incluso aquellas que afectan el neurodesarrollo”. Entre las secuelas graves menciona ataques de pánico, miedos, fobias, alteraciones del sueño y problemas de alimentación.
Nicole LePera, psicóloga holística, afirma que “comprender el impacto de nuestro pasado es importante porque la gran mayoría repetimos hábitos y patrones que alguna vez nos mantuvieron a salvo, y lo llamamos personalidad”. Destaca que un trauma infantil no siempre es un suceso dramático, sino que puede manifestarse en pequeños momentos de falta de regulación emocional.
En redes sociales, creadoras como Heidi Bruce se filman practicando la reparentalización: hablan con su niño interior, escuchan sus necesidades y se convierten en el padre o madre amoroso que necesitaron. Sugiere tener conversaciones sinceras con uno mismo, comprarse algo deseado o felicitarse por un logro. LePera recomienda actividades como libros para colorear para adultos, salas de escape, bares temáticos o simplemente tumbarse en el pasto observando las nubes.
Ibarzábal considera que estas prácticas de autocompasión y regulación emocional tienen valor real, pero advierte: “Frente a patrones rígidos o heridas significativas, el acompañamiento profesional deja de ser un lujo”. Lescano coincide en que el apoyo de un especialista es fundamental.
