Una investigación del INSERM sugiere que, a partir de cierta edad, la ducha diaria podría no ser la mejor opción para la salud de la piel, recomendando adaptar la rutina de higiene.
Ducharse a diario es un hábito común que ayuda a eliminar la suciedad y células muertas, reduciendo el riesgo de infecciones. Sin embargo, según un estudio del Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica (INSERM) de Francia, citado por el portal Le Coudrier, las necesidades de higiene cambian con la edad y, para las personas mayores de 65 años, el baño diario no siempre es lo más recomendable.
El envejecimiento provoca transformaciones en la piel: la dermis pierde grosor y firmeza, se vuelve más sensible y vulnerable. Lejos de promover una falta de higiene, los expertos indican que el baño debe adaptarse a estos cambios fisiológicos. Por ello, recomiendan una ducha cada dos días para este grupo etario.
La piel en la tercera edad se vuelve más fina y reduce significativamente la producción de aceites naturales, que actúan como barrera protectora. Según los especialistas, las duchas espaciadas permiten que la dermis conserve mejor su hidratación natural, siendo suficiente para mantener una correcta higiene sin alterar el equilibrio cutáneo. Esto disminuye el riesgo de irritaciones, descamación y sensibilidad extrema, problemas frecuentes en adultos mayores.
Asimismo, las duchas calientes y prolongadas pueden agravar la sequedad de la piel. Se sugiere adoptar rutinas cortas, con agua tibia y productos suaves, lo que no solo protege la piel sino que mejora la sensación de confort posterior al baño.
En los días sin ducha, los expertos recomiendan realizar una limpieza localizada, como el lavado de manos, axilas y zona íntima, para evitar malos olores. De esta manera, se contribuye a mantener la piel sana, flexible y menos reactiva.
