Especialistas advierten sobre el uso de términos psiquiátricos para explicar la conducta de figuras políticas, un fenómeno que crece con la irrupción de líderes de ultraderecha en el siglo XXI.
Desde que Javier Milei asumió la presidencia, su comportamiento ha sido analizado desde una óptica personal, con referencias a supuestos traumas, excesos y desbordes. Sin embargo, este enfoque no es exclusivo del mandatario argentino: la llegada de líderes de ultraderecha al poder en distintas partes del mundo ha traído consigo un aumento de diagnósticos apresurados desde el lenguaje psiquiátrico.
Figuras como Donald Trump, Jair Bolsonaro o referentes políticos locales como Cristina Kirchner y las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo también han sido objeto de este tipo de análisis. ¿Qué implica cuando el discurso político se tiñe de terminología clínica? Expertos en psicología política señalan que etiquetar a un líder con un trastorno sin evaluación profesional puede banalizar los debates y estigmatizar a quienes padecen enfermedades mentales.
El fenómeno, lejos de ser inocuo, abre interrogantes sobre cómo la sociedad procesa la disidencia política y los liderazgos disruptivos. En un contexto de polarización, la tentación de psicologizar al adversario se convierte en una herramienta retórica que, según los especialistas, debería ser manejada con cautela.
