Un análisis sobre la falta de ética y el acoso a testigos en el ámbito político argentino, con casos que involucran a distintos sectores.
El escritor Javier Cercas señaló esta semana en una entrevista que la izquierda democrática debe mantener una dimensión ética y no convalidar pactos cuestionables. “Mentir y engañar no está bien, aunque lo hagan los nuestros”, advirtió, y agregó que los periodistas deben señalar las faltas de los más próximos, incluso si eso genera críticas.
En Argentina, esta reflexión se aplica a varios casos recientes. El periodista Diego Cabot, conocido por su investigación en la causa Cuadernos, fue hostigado durante trece horas en un juzgado y luego en redes sociales por militantes kirchneristas. Sin embargo, desde otros sectores políticos recibió elogios, mientras que el periodista Hugo Alconada Mon, que investiga la AFA y el caso $LIBRA, fue agredido por los mismos que defendían a Cabot.
También se menciona a Francisco Olivera, quien reveló un entramado de corrupción con el dólar oficial y los permisos de importación (SIRA), que involucra al gobierno anterior y pone en duda aportes de campaña del peronismo a Javier Milei. Por otro lado, un contratista de Exaltación de la Cruz, votante de La Libertad Avanza, recibió 245.000 dólares para refaccionar la casa de Manuel Adorni. El hombre denunció que el funcionario intentó manipularlo y que luego fue acusado públicamente de “kirchnerista de dudoso prontuario”.
En este contexto, el oficialismo ha implementado una estrategia de desacreditación hacia quienes investigan, mientras que se promueven ideas controvertidas, como que el evasor es un héroe. La doble moral y el hostigamiento a testigos se han convertido en una constante en la política argentina, afectando la credibilidad de las instituciones.
