Un agricultor de Michigan vendió los derechos de desarrollo de 131 acres para impedir su futura división

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Campo agrícola en Michigan con tierras de cultivo

John Boyer recuperó las 131 acres que su familia perdió en East Jordan, Michigan, y en 2026 vendió los derechos de desarrollo a Little Traverse Conservancy mediante una servidumbre de conservación. El acuerdo permite que Boyer conserve la propiedad, pero prohíbe que el terreno se divida para construcción de viviendas o negocios, incluso si cambia de dueño.

John Boyer creció rodeado de los campos de maíz, avena y trigo que alguna vez pertenecieron a su familia en East Jordan, Michigan. Décadas después, el agricultor recuperó las 131 acres que habían quedado fuera del patrimonio familiar y tomó una decisión para evitar que el terreno termine dividido en pequeñas parcelas.

En 2026, Boyer vendió los derechos de desarrollo futuro a Little Traverse Conservancy mediante una servidumbre de conservación. El acuerdo le permite conservar la propiedad, pero impide que las tierras sean divididas para construir viviendas o negocios, incluso si en el futuro pasan a sus hijos o a otro propietario.

Para Boyer, la decisión tiene un significado que supera el valor económico de la propiedad. Según informó Times of India, su intención es mantener las tierras dentro de la actividad agrícola y evitar que el crecimiento urbano avance sobre una zona rural que su familia conoce desde hace generaciones.

“Para cualquier agricultor, todo es personal”, afirmó Boyer, según Bridge Michigan. “Cada terreno, cada piedra que levantas, te lleva incontables horas de trabajo”.

Una protección que se mantiene con el paso del tiempo

La servidumbre de conservación permite que Boyer siga como dueño de las 131 acres, mientras Little Traverse Conservancy controla los derechos de desarrollo. De esta forma, la propiedad queda protegida frente a una futura urbanización.

Según Times of India, el agricultor tomó esta medida ante el temor de que algún día las tierras pudieran dividirse en parcelas más pequeñas y terminar en manos de proyectos inmobiliarios.

“De repente, un campo o terreno agrícola productivo desaparece, y desaparece para siempre”, sostuvo Boyer. “Desaparece para siempre”.

El caso adquiere relevancia ante las presiones que enfrentan las tierras agrícolas en Michigan. Según los datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos citados en el informe, el estado contaba con unos 9,5 millones de acres destinados a la agricultura en 2022. La cifra había sido de aproximadamente 9,8 millones en 2017.

El valor de la tierra aumenta y genera presión

En ese mismo período, las tierras agrícolas propiedad de productores disminuyeron en unos 208.000 acres. Al mismo tiempo, el valor de las propiedades continuó en ascenso.

Las tierras agrícolas de Michigan alcanzaron un valor aproximado de 6.800 dólares por acre, con un aumento del 7,8 por ciento frente a 2024. El incremento superó el promedio nacional, que fue del 4,3 por ciento.

Para los agricultores que poseen grandes extensiones, esa situación genera un dilema entre conservar la producción y aprovechar el mayor valor económico de sus propiedades.

“Se trata de determinar cuál es la mejor opción para la situación de cada uno. Y hay mucha presión. Hay mucho dinero en juego”, explicó Jon LaPorte, educador en gestión de empresas agrícolas de la Extensión de la Universidad Estatal de Michigan.

Una alternativa a la venta de la propiedad

Las servidumbres de conservación permiten que los propietarios obtengan parte del valor asociado a sus tierras sin desprenderse de ellas. Little Traverse Conservancy protege unas 30.000 acres mediante este mecanismo en cinco condados del norte de Michigan y la Península Superior. De esa superficie, unas 6.000 acres corresponden a tierras agrícolas.

Joe Graham, director financiero y de operaciones de la organización, destacó que la herramienta ofrece una alternativa para los productores.

“Les ofrecemos otra alternativa”, explicó Graham. “Les brindamos una manera de aprovechar el valor de sus tierras sin tener que venderlas y perderlas”.

Sin embargo, el acuerdo también supone renunciar a posibles ingresos futuros, ya que la venta directa de una propiedad puede resultar más rentable si el valor inmobiliario continúa en aumento.

Una tierra que no puede reemplazarse

La fragmentación de las propiedades también preocupa a otros agricultores de Michigan. Rebecca Carlson, productora de cuarta generación en Northport, señaló que la división de las tierras entre herederos puede generar un conjunto de parcelas pequeñas que dificulte la continuidad de las explotaciones familiares.

Carlson y su esposo ampliaron su explotación de unas 200 hectáreas a 1.300 hectáreas en ocho años. Para conseguirlo, compraron algunas tierras y arrendaron otras a familias que no tenían una nueva generación preparada para continuar con la actividad.

Según el censo agrícola del USDA de 2022, cerca del 39 por ciento de las tierras agrícolas de Michigan estaban arrendadas.

“Es una excelente manera de mantener la actividad agrícola, la explotación y hacerla crecer”, afirmó Carlson. “Ya no se crea tierra”, agregó.

La presión también llega desde la energía

La vivienda no es la única actividad que compite por las tierras agrícolas. El desarrollo de energías renovables también aumentó el interés por terrenos rurales para parques solares, turbinas eólicas y sistemas de almacenamiento de baterías.

LaPorte explicó que los propietarios evalúan las alternativas que ofrecen mayor valor económico.

“Desde la perspectiva de un propietario de tierras, tienen facturas que pagar, al igual que un agricultor, y buscan situaciones como dónde puedo obtener el mayor valor”, señaló, según Times of India.

Para Boyer, sin embargo, el valor de la propiedad no se limita al dinero que podría generar una futura urbanización. La conservación de las 131 acres representa una forma de mantener el terreno unido y destinado a la agricultura durante las próximas generaciones.