La iniciativa «Aquí estoy, Chat» ofrece escucha gratuita y anónima a personas en crisis, con 150 mil consultas anuales en América Latina y España.
En 2019, mientras corría por los bosques de Palermo, Juan Pablo Villani observó afiches de prevención del suicidio que mostraban fotos de jóvenes publicadas en redes sociales antes de quitarse la vida. Ese hecho lo llevó a preguntarse cómo podía ayudar a personas con problemas de salud mental. Años después, su idea se convirtió en la red de contención emocional «Aquí estoy, Chat», que funciona a través de WhatsApp.
El servicio se basa en conversaciones escritas, sin llamadas ni videollamadas. Del otro lado de la pantalla no hay inteligencia artificial, sino voluntarios entrenados que ofrecen escucha emocional gratuita y anónima, supervisados por profesionales de la salud mental. Según explicó Villani a PERFIL, «el objetivo no es que la gente haga terapia online ni reemplazar un tratamiento psicológico tradicional, sino ofrecer un espacio de contención durante un momento de crisis».
Villani tiene un recorrido que combina tecnología y formación humanística. A los 15 años creó su primer sitio web, a los 18 ingresó a un seminario católico donde estudió teología y filosofía durante cuatro años, luego fue Country Manager de Pedidos Ya y posteriormente fundó un emprendimiento web dedicado a la música. También estudió counseling. Su separación personal en 2019 fue el contexto en el que surgió la idea del servicio.
Durante la pandemia, el proyecto experimentó un crecimiento acelerado. «Hicimos una convocatoria para reclutar voluntarios y, en días, juntamos a 10 mil interesados. A ese grupo lo capacitamos con expertos», recordó Villani. Actualmente, la plataforma recibe unas 150 mil consultas por año y opera en casi todos los países de América Latina y en España.
Más de la mitad de los usuarios tienen menos de 29 años y más del 70% son mujeres. Los voluntarios también son mayoritariamente mujeres. Villani señaló que «los varones suelen estar menos predispuestos a expresar públicamente su vulnerabilidad, aunque sí buscan contención cuando encuentran un ámbito de confianza».
Los motivos de consulta más frecuentes son rupturas de pareja, conflictos familiares, sentimientos de abandono y soledad. Los problemas económicos también aparecen, aunque potenciando conflictos personales preexistentes. Según Villani, «más del 90% de quienes completan una conversación aseguran sentirse mejor tras el intercambio». Cada sesión dura hasta 50 minutos y se miden indicadores de malestar emocional antes y después.
A pesar de la expansión de herramientas de inteligencia artificial, Villani sostiene que «la empatía sigue siendo una capacidad difícil de reemplazar». Incluso, una de cada ocho personas que ingresan al servicio llegan derivadas por plataformas de IA. Sin embargo, durante el último año no se pudo atender a dos de cada tres personas que solicitaron ayuda por falta de capacidad operativa, por lo que la organización busca nuevos voluntarios y financiamiento.
La salud mental se consolidó como una de las principales preocupaciones sociales en Argentina. Estudios académicos señalan un aumento de cuadros de ansiedad, depresión, estrés crónico y sensación de soledad, especialmente entre jóvenes y adultos mayores. La ansiedad se manifiesta con preocupación excesiva, insomnio, irritabilidad, dificultades para concentrarse y sensación permanente de alerta. La depresión sigue siendo una de las principales causas de discapacidad a nivel mundial. La soledad no deseada crece a pesar de la conexión digital, impactando en adolescentes, jóvenes y adultos mayores.
