A 70 km de Buenos Aires, esta localidad combina arte, historia y gastronomía en un entorno cuidado y lleno de atractivos.
A 70 km al sudoeste de Buenos Aires, General Las Heras esconde tesoros impensados como murales de Antonio Berni, quesos artesanales de autor en Luna de Campo, nuevos restaurantes como Borgoña Casa de Vinos y gente hospitalaria. El pueblo, que ya es ciudad, está arbolado de sauces, plátanos, paraísos, eucaliptos y ligustros que compiten con el paisaje natural de cinacinas, retamas, uñas de gato y espinillos, y se ve cuidado y prolijo.
Es la capital nacional del pato, cuya fiesta se celebra en noviembre. Para los amantes del arte, los murales de Berni de 1981, realizados justo antes de morir para la capilla del Instituto San Luis Gonzaga por la amistad que lo unía al artista Antonio Semino (que tiene su museo también) y al padre Hipólito Pordomingo, son un tesoro a descubrir, siempre con solicitud de visita previa y en la semana. El padre fue el fundador del colegio que levantó en parte con sus manos, inaugurado en 1961, “cubriendo una ansiada necesidad de colegio secundario”, cuenta Juan Carlos Crespo, maestro jubilado, escritor y recopilador de historias de este pago chico. Este religioso fue el verdadero motor de la faz educacional de Las Heras y de esta capilla magnífica. “En 1975 Pordomingo creó el Instituto Superior de Nivel Terciario. Falleció el 7 de diciembre de 1985 y hoy una calle y su obra lo recuerdan”, cuenta Federico Stevens, exalumno que hoy, por cariño al maestro y al pueblo, se ocupa de mostrar la obra de Berni. En principio, los murales eran tres, pero quedaron dos porque el maestro murió antes de concluir el tercero. Emociona profundamente sentarse en la capilla circular a contemplar esas poderosas imágenes de La Crucifixión y El Apocalipsis, muy coloridas y rebosantes de figuras expresivas que denuncian injusticias, pero también esperanza. “¿Vos estás seguro de que querés que Berni haga murales para tu capilla?”, cuenta Stevens que le preguntó Semino a Pordomingo. Y justamente por eso, por el realismo social y la denuncia detrás de sus cuadros -¡y la belleza!- es que le dijo que sí.
Solo para ver estas maravillas vale la pena el viaje pero hay mucho más. La cuadrícula central del pueblo de calles empedradas de la década del 20 mantiene fachadas del siglo XIX y principios del XX, algunas mejor mantenidas que otras. El centenario Almacén Carllinni en la esquina de las calles Pellegrini y Las Heras está cerrado y un poco abandonado, distinto del recuperado cine-teatro de la Sociedad Española, hermoso edificio que data de la segunda mitad del siglo XIX cuando llegaron los españoles y los vascos. “Se sabe que en 1912 se compró el primer equipo cinematográfico y se empezaron a pasar las primeras películas”, cuenta Christian Alarcón, subsecretario de Cultura y Turismo de la Municipalidad de General Las Heras. Tras 40 años cerrado, es un emblema recuperado que fusiona historia y modernidad: presenta una fachada histórica puesta en valor, un escenario renovado, nuevas butacas y tecnología de vanguardia.
En el centro está también la parroquia San Cipriano de Cartago, inaugurada el 5 de noviembre de 1882. Sorprenden los vitrales en la cúpula, la imagen del santo y los pisos: “La arquitectura original del templo es la nave del centro; a fines de los 70 se amplía hacia las naves laterales. Los vitrales son franceses y el Cipriano original está en el patio, donado por la familia Villamayor cuyo padre era Cipriano, de ahí que el templo está dedicado a este santo”, cuenta el padre Luis Alvarado, responsable de la parroquia.
Sin dar más que la vuelta del pueblo por la plaza, asoma La Fusta, dentro del Club Social de General Las Heras, fundado en 1912, actualmente en refacción. La Fusta es un bodegón y parrilla donde se come en amplios salones con la luz que se cuela en las antiguas aberturas, para sentirse dentro en un escenario de una película de María Luisa Bemberg. Ofrece comida fresca del día de generosas porciones comandado por un grupo de jóvenes gastronómicos que intentan “seguir el camino del tradicional plato argentino sobre platina, generoso, que se pueda compartir y que no por ello el precio aumente”, aclara Lautaro Achaval, quien junto con Milagros Chamorro e Iván Castro llevan adelante el emprendimiento. Las carnes son el fuerte del lugar junto con las pastas y, en especial, los deliciosos sorrentinos de ossobuco. “Los colores claros, la luz cálida, las herraduras y la decoración campera, monturas, fustas y rebenques tienen que ver con la identidad del pueblo y su relación con la cancha de pato, que también se ve reflejada en las fotos con la historia de todos nosotros en los salones aledaños”, informa Milagros.
En Las Heras también está el tradicional bar Matute donde se come comida reconfortante desde 1907 (es antiguo, lindo y acogedor con una larga carta que incluye tablas, minutas, carnes y pescados tradicionales). Y para los curiosos, asoma un restaurante nuevo para comer muy bien los jueves, viernes y sábados por la noche: Borgoña Casa de Vinos.
