La salida del funcionario clave en infraestructura reaviva la polémica sobre la gestión de subsidios y obras, en medio de omisiones en declaraciones juradas y cambios de autoridades.
La silla más caliente de la mayoría de los gobiernos es, sin duda, la que ocupan los ministros de Economía. Pero no muy debajo se coloca la de la Secretaría de Transporte y Obras Públicas, organismos que fueron determinantes para la política en el siglo XXI. El primero, desde 2002, cuando la emergencia económica tras la salida de la convertibilidad, habilitó un billonario cheque de subsidios a repartir todos los meses para colectivos, trenes y hasta aviones y lanchas colectivos. El otro, obra pública o infraestructura, fue el elemento de negociación con los gobernadores y una caja donde anidó la corrupción.
Esta vez, la polémica volvió a posarse sobre estas áreas con la salida de Carlos Frugoni, funcionario designado por el presidente Javier Milei y recomendado por el ministro Luis Caputo. Desde hace dos años, el verdadero decisor en temas de trenes, colectivos y obras públicas era el secretario de Coordinación de Infraestructura, cargo que hasta hace unas horas tenía Frugoni. El secretario de Transporte, Fernando Herrmann, pagaba formalmente los subsidios, pero era un hombre puesto por el ahora exfuncionario.
Frugoni, quien asumió a principios de año, presentó su renuncia después de que se publicara una investigación de Nicolás Wiñazki en la que se informó que es dueño de 7 departamentos en Miami que omitió registrar en sus declaraciones juradas como funcionario público y también en las que debe realizar ante ARCA. “Fue un error”, se exculpó, pero no le sirvió para mantenerse en su cargo.
El Ministerio de Economía confirmó que el cargo será ocupado por Herrmann y que el mundo del transporte quedará en manos de Mariano Plencovich, un cordobés que, en las sombras, manejaba los hilos del sector, principal responsable de calcular y pagar los subsidios a las empresas de colectivos.
La historia de idas y vueltas en esta área crítica para millones de usuarios, llena de dinero discrecional y negociaciones constantes con empresarios de la obra pública, es uno de los capítulos más oscuros de la administración pública. No solo por la corrupción, sino por la falta de planificación y conocimiento de la mayoría de los funcionarios.
Al inicio del gobierno de Milei, Planificación fue un súper ministerio a cargo de Guillermo Ferraro, que concentraba Transporte, Obras Públicas, Minería, Vivienda, Energía y Comunicaciones. Esa estructura duró apenas 45 días y todas las funciones fueron asignadas a otros ministerios, mayoritariamente al de Economía. Franco Mogetta, un cordobés que llegó al cargo en el marco de una alianza con el peronismo cordobés de Juan Schiaretti, fue uno de los pocos que se mantuvo tras la desaparición del súper ministerio.
Debajo de su cargo había tres subsecretarios: transporte ferroviario, aerocomercial y automotor. Este último fue el despacho que ocupó Plencovich, quien trabajaba en el ministerio pese a no tener cargo desde agosto del año pasado, atendía en la oficina 1235 y utilizaba como oficina privada la sala de reuniones del piso 12, con autorización de Herrmann.
Plencovich llegó de la mano de Mogetta, pero el funcionario cordobés ya no está en su despacho. El 9 de agosto de 2025 dejó sus funciones y en su reemplazo asumió Luis Pierrini, un empresario mendocino del mundo del seguro, que se fue en enero en medio de sospechas por la liquidación de subsidios. Unos días antes, había dejado el cargo el secretario de Coordinación de Infraestructura, Martín Maccarone, un empresario de la construcción que trabajó y tuvo un despacho pero jamás fue nombrado formalmente para evitar ser persona políticamente expuesta. Por Maccarone asumió Frugoni, el ahora renunciado, y el cargo quedó en manos de Herrmann, un arquitecto con poco conocimiento del transporte.
