Fatiga crónica: el rol de las bacterias intestinales en sus síntomas

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Representación de bacterias intestinales en el sistema digestivo humano

Un nuevo enfoque científico vincula el síndrome de fatiga crónica con alteraciones en la microbiota intestinal, lo que podría explicar síntomas como la niebla mental, el cansancio extremo y los dolores.

“No tengo fuerzas, estoy siempre cansada, me muero de sueño. Duermo mucho pero me despierto sin energía. Además, sufro dolores en muchas zonas del cuerpo y si hago un esfuerzo extra, luego lo pago. Me falla mucho la memoria y me cuesta concentrarme. Todo me agota”. Este testimonio real de una paciente refleja el impacto del síndrome de fatiga crónica, que afecta entre el 2 y el 6 % de la población en países desarrollados y a unas 900.000 personas en España.

Este trastorno, que puede aparecer tras infecciones como la de SARS-CoV-2, ha sido durante años minimizado por la falta de biomarcadores. Sin embargo, investigaciones recientes apuntan a que cambios en la microbiota intestinal —el ecosistema de microorganismos del intestino— podrían desencadenar una inflamación que afecta al cerebro, generando síntomas cognitivos y emocionales.

Estudios de la Universidad de Cornell y otras instituciones han encontrado que las personas con fatiga crónica presentan una microbiota reducida y alterada, así como una mayor permeabilidad intestinal. Esto refuerza la teoría del eje intestino-cerebro y la neuroinflamación como base del malestar. Aunque aún hay debates y estudios contradictorios, la evidencia creciente sugiere que el equilibrio de la flora intestinal es clave para entender y tratar esta condición.