La nomenclatura oficial de Buenos Aires señala a un militar, pero una versión histórica alternativa atribuye el nombre a otro, protagonista de una increíble historia de supervivencia.
La costumbre de nombrar calles solo con apellidos, vigente a fines del siglo XIX y principios del XX en Buenos Aires, genera en ocasiones incertidumbre histórica. Un caso emblemático es el de la calle Villanueva, en Palermo-Barrio Parque. Según los registros oficiales, la arteria rinde homenaje a Nicolás Villanueva, un sargento que participó en el sitio de Montevideo (1814) y en el Ejército del Norte.
Sin embargo, una fuente histórica relevante, el libro ‘Plazas y calles de Buenos Aires’ (1910) de Adrián Beccar Varela y Enrique Udaondo, atribuye el nombre a José María Villanueva, un teniente coronel mendocino del Ejército de los Andes. Aunque la versión oficial es la primera, la historia de José María Villanueva es una odisea de supervivencia que merece ser contada.
José María Villanueva cruzó los Andes con San Martín y fue herido en la batalla de Chacabuco (1817). Años después, durante la guerra civil, luchó con las tropas unitarias y fue derrotado en el combate de Pilar (Mendoza) en 1829. Tras la batalla, fue capturado por los federales al mando de José Félix Aldao y degollado cerca del convento de Santo Domingo, siendo dado por muerto.
Milagrosamente, una hebilla de su uniforme amortiguó el golpe del cuchillo, salvándole la vida. Cuando los soldados regresaron por su cuerpo, Villanueva, herido, logró arrastrarse hasta el convento. Con la ayuda del fraile Fermín Nieto, se escondió dentro de una caja de velas en la sacristía, evadiendo un riguroso registro. Posteriormente, disfrazado de sacerdote, permaneció oculto en un sótano durante siete meses hasta que las tropas del general Paz llegaron a Mendoza en abril de 1830.
Esta notable historia de resistencia plantea un interrogante sobre el origen del nombre de una de las calles más elegantes de la ciudad.
