Tras conocerse una inflación del 3,4% en marzo, el diario británico examina las dificultades para consolidar la baja de precios y las presiones sobre el poder adquisitivo.
El diario británico Financial Times analizó la evolución de la inflación en Argentina, luego de que el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) informara un índice del 3,4% para el mes de marzo. Este registro, el más alto en un año, interrumpe una tendencia de diez meses consecutivos de desaceleración y marca un posible estancamiento en el proceso de desinflación.
El artículo señala que, si bien la inflación cayó con fuerza desde los niveles heredados a fines de 2023, el proceso perdió impulso tras alcanzar un piso del 1,5% en mayo de 2025. Desde entonces, los precios retomaron una tendencia alcista, con registros de 2,9% en enero y febrero, y el salto al 3,4% en marzo.
En este contexto, el presidente Javier Milei reconoció el resultado negativo del último dato. «El número es malo. No nos gusta el número porque la inflación nos resulta repugnante», afirmó, aunque proyectó una nueva desaceleración en los próximos meses.
Según el análisis del Financial Times, el principal desafío radica en la complejidad de reducir la inflación en niveles más bajos. El economista Lorenzo Sigaut Gravina lo resumió al señalar que «es más fácil bajar la inflación de 30% mensual a 3% que de 3% mensual a 3% anual».
Durante la primera etapa de gestión, el Gobierno utilizó el tipo de cambio como ancla para contener los precios, una estrategia que permitió una desaceleración inicial. Sin embargo, la mayor flexibilidad cambiaria aplicada en abril, en el marco de un acuerdo con el FMI, coincidió con una reactivación de las presiones inflacionarias. Sin un ancla clara, la dinámica se apoya ahora en factores estructurales como la remarcación preventiva, la indexación de contratos y la negociación salarial.
El economista Gabriel Caamaño advirtió que «el proceso de desinflación está en un impasse», al tiempo que remarcó la ausencia de un esquema explícito de metas de inflación que ordene expectativas. A esto se sumó la suba de tarifas y servicios regulados, que continúan ajustándose tras años de atraso.
El freno en la baja de la inflación impactó sobre la actividad y el poder adquisitivo. Marina Dal Poggetto describió el escenario como el de una «economía que se ha mesetado», con precios que siguen presionando sobre los ingresos. En marzo, los alimentos aumentaron 3,4% a nivel nacional y, en Buenos Aires, el precio de la carne registró una suba del 6,9%.
En paralelo, los salarios del sector formal crecieron cerca de 2% mensual en febrero, por debajo de la inflación. Según Martín Rapetti, los ingresos reales de trabajadores formales y jubilados se ubican entre 8% y 10% por debajo de los niveles de diciembre de 2023.
El deterioro también se reflejó en el humor social. Un relevamiento de la Universidad de San Andrés indicó que las preocupaciones por salarios y empleo ya superan a la inflación como principal problema, en un escenario donde el desempleo alcanzó el 7,5%.
Finalmente, el artículo advirtió sobre el impacto institucional de algunas decisiones oficiales, como la postergación de la actualización de la canasta del IPC. Aunque su efecto en los números sería acotado, Martín Rapetti consideró que «acarrea un costo reputacional», en un contexto donde la credibilidad resulta central para sostener el proceso de desinflación.
