La directora ejecutiva de CEDU+AEV afirmó que una parte importante de la vivienda nueva se comercializa con anticipos y cuotas durante la obra. Sostuvo que ampliar el fondeo hipotecario con recursos del FGS a la vivienda en construcción permitiría financiar al comprador desde el pozo.
En un mercado con poco crédito, los desarrolladores argentinos asumieron un rol que, en otros países, cumple principalmente el sistema financiero: financiar a sus propios compradores.
Así lo afirmó Mali Vázquez, directora ejecutiva de CEDU+AEV, quien señaló que una parte importante de la vivienda nueva se comercializa con anticipos y cuotas durante la obra e, incluso, con esquemas que continúan después de la entrega. Según Vázquez, es una respuesta que el propio sector construyó frente a la necesidad de ampliar la cantidad de personas que pueden acceder a una vivienda o invertir sin contar con todo el capital desde el inicio.
«Creo que esto habla muy bien de la capacidad de adaptación. Pero también muestra una anomalía», declaró. En ese sentido, explicó que el desarrollador debería concentrar su capital en comprar tierra, proyectar, construir y volver a invertir. «Cuando además debe financiar durante muchos años al comprador, inmoviliza recursos que podrían estar destinados a iniciar nuevos proyectos», sostuvo.
La directiva indicó que las nuevas medidas que buscan ampliar el fondeo hipotecario a partir de recursos del FGS, junto con la apertura de nuevas líneas de crédito en dólares para desarrolladores, empiezan a reconstruir dos piezas que durante muchos años estuvieron prácticamente ausentes: crédito para producir vivienda y crédito de largo plazo para comprarla.
Vázquez describió un esquema en el que el desarrollador accede a financiamiento para construir; durante la primera etapa continúa ofreciendo sus propios esquemas de cuotas; y, alcanzado determinado avance de obra, el sistema financiero toma al comprador y continúa ese financiamiento mediante un crédito hipotecario de largo plazo.
«En ese esquema, los recursos del FGS destinados a fondear hipotecas podrían tener un impacto todavía mayor si una parte llega también a la vivienda en construcción, permitiendo financiar al comprador desde el pozo y no solamente cuando la unidad ya está terminada», afirmó.
Según la directora ejecutiva, esto produciría un círculo virtuoso: el comprador podría extender el pago a 10, 15 o 20 años; el desarrollador recuperaría antes el capital invertido; y esos recursos podrían volver rápidamente a tierra y construcción para iniciar nuevos proyectos.
Asimismo, mencionó que los nuevos créditos en dólares para desarrolladores suman otra pieza importante. «En un sector donde buena parte de los costos, activos y precios se piensan en dólares, recuperar una fuente de financiamiento en esa moneda puede permitir aumentar la capacidad de inversión y acelerar nuevos desarrollos», expresó.
«No se trata de reemplazar el financiamiento que hoy ofrece el desarrollador. Se trata de potenciarlo y conectarlo con el sistema financiero», concluyó Vázquez, quien es directora ejecutiva de CEDU+AEV.

