El informe anual de Latinobarómetro señala que casi la mitad de los latinoamericanos aceptaría un gobierno no democrático si resuelve problemas, mientras Argentina lidera en adhesión a valores democráticos. El documento también analiza casos como Brasil, Chile, El Salvador y Argentina, donde líderes como Milei, Bukele y Bolsonaro mantienen altos niveles de apoyo.
El más reciente informe anual de Latinobarómetro, presentado esta semana, revela que un 16% de los latinoamericanos prefiere un gobierno autoritario y que casi la mitad aceptaría un gobierno no democrático si resuelve los problemas. El estudio, que releva el pulso sociopolítico de América Latina desde hace veintiún años, incluye datos sobre Brasil, Chile, El Salvador y Argentina, entre otros países.
En Brasil, el vencedor de las elecciones fue el hijo y vocero de Jair Bolsonaro, quien promete liberar a su padre si llega al poder. Jair Bolsonaro fue condenado por participar en un intento de golpe de Estado. Tanto el padre como el hijo reivindican la dictadura militar brasileña iniciada en 1964 y la dictadura de Augusto Pinochet en Chile.
En Chile, hace menos de un año, el candidato José Kast hizo campaña elogiando a Pinochet. En Argentina, Javier Milei apoyó las campañas de Bolsonaro y Kast y también reivindica a Pinochet.
Según el informe, el caso argentino es notable. Desde que asumió, Milei ha cuestionado al Poder Legislativo, al que llamó «nido de ratas», y niega la autoridad constitucional de dictar leyes que contradigan sus decretos. También desconoce fallos del Poder Judicial, como el que lo obliga a cumplir con la Ley de Financiamiento Educativo. Promueve discursos de odio contra quienes no piensan como él, desprecia a los organismos de cooperación internacional y promueve la desaparición del Estado de todos los ámbitos.
Milei fue elegido presidente por el 56% de votos y en octubre del año pasado ganó los comicios legislativos con el 40%. Las encuestas lo siguen mostrando con posibilidades de ser reelecto en 2027.
El informe de Latinobarómetro también destaca el caso de El Salvador. Según el estudio, el resto del continente considera a Nayib Bukele como un mandatario dictatorial o autoritario. Los propios salvadoreños se ubican entre las tres sociedades que más de acuerdo están con la idea de «aceptar a un gobierno no democrático si resuelve los problemas». Es el segundo país donde se coincide en que «un poco de mano dura no viene mal».
En todos los rubros encuestados se refleja la adhesión mayoritaria hacia ese gobierno. Es el país donde los encuestados sostienen que más se redujo la corrupción, donde el Estado más ha hecho por ellos (52% frente al promedio regional del 26%) y donde más satisfacción despiertan sus sistemas de Policía, Judicial, Salud y Educación Pública. Lidera también en indicadores como que la nación va en la dirección correcta y que se le está ganando la batalla al crimen organizado.
En la misma encuesta, la Argentina lidera los mayores porcentajes de adhesión a los valores democráticos. No obstante, alrededor de un 30% de argentinos son críticos del sistema o están a favor de un gobierno autoritario. Es un porcentaje que se mantiene estable a través de los años y coincide con el núcleo duro de La Libertad Avanza.
El informe menciona otros ejemplos de sociedades gobernadas bajo sistemas no democráticos que generan adhesión social y éxito económico, como China y Vietnam, ambos con regímenes de raíces marxistas y autoritarias con apertura hacia el capitalismo.
Hasta el siglo XX existía el consenso de que las libertades políticas y la prosperidad económica eran inseparables. Eso cambió, según el estudio, y hoy se consolidó una duda sobre qué tanto beneficio es capaz de derramar la democracia liberal sobre la sociedad.
En Argentina, además de un 30% de la población dispuesta a tolerar conductas abusivas del poder, convive otro porcentaje que en 2023 se sumó a la candidatura de Milei en el balotaje y que podría volver a hacerlo en 2027. Son los sectores que antes se autopercibían republicanos y votaban al PRO, al radicalismo y a otras corrientes moderadas.
El informe también señala que en el desdén libertario por las formas democráticas hay un punto de coincidencia con la crítica marxista a la «democracia burguesa». Myriam Bregman, dirigente del Frente de Izquierda, repitió en Modo Fontevecchia al criticar el reformismo de Lula y desestimar cualquier alianza con el peronismo: «En el capitalismo no hay lugar para reformas, la revolución es posible».
Según el estudio, tanto el trotskismo de Bregman como el anarquismo de Milei representan ideologías extremas que, desde posturas antagónicas, expresan a los dispuestos a romper con el statu quo demoliberal.
El informe concluye que lo que une a los Bolsonaro, Bukele, Milei y Bregman no son sus ideologías, sino una creciente queja global que considera que la democracia liberal perdió el monopolio de la eficacia social y económica.

