El artista del barrio barcelonés del Raval mantiene una rutina que incluye beber un vaso de agua antes de cada comida, no fumar ni consumir alcohol y crear a diario.
Joan Vaello, pintor, poeta y trovador del barrio barcelonés del Raval, cumplió 100 años y continúa con una rutina que, según relató, mantiene desde su juventud. En una entrevista con el diario La Vanguardia, Vaello describió sus hábitos diarios y atribuyó a ellos su estado de salud.
Cada día, alrededor de las siete de la mañana, Vaello se despierta, se mira al espejo y se dice a sí mismo: “Has dormido bien y estás aquí otro día más. ¿Qué más se puede pedir?”. Luego, antes de ingerir cualquier alimento, bebe un vaso de agua, una práctica que incorporó en su juventud y que, según explicó, le sirve para “limpiar por dentro”.
Su desayuno incluye café con leche acompañado de un croissant o una porción de torta, siempre con moderación. Vaello indicó que nunca fumó ni consumió alcohol.
Nacido el 6 de marzo de 1926, adoptó el seudónimo “El Pintao” a partir de la forma en que los gitanos de su barrio se referían a sus obras cuando firmaba de manera informal. Perdió a su padre y a su hermana durante su juventud, y según contó, la comunidad gitana del Raval lo ayudó en ese período. De esa experiencia, afirmó, aprendió el valor del trabajo y el compañerismo.
Vaello continúa creando a diario, ya sea al amanecer o al anochecer. “Pinto, aunque sea media hora o veinte minutos, cada día”, declaró. Para él, la creación no es un pasatiempo sino una necesidad vital.
Consultado sobre su longevidad, Vaello sostuvo que el secreto va más allá de la dieta: “Lo peor es dejar de usar la cabeza; eso sí que envejece rápido”. Añadió que lo que mantiene viva a una persona es la ilusión y tener algo que hacer.
Especialistas y entidades como el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos señalan que, con los años, la sensación de sed tiende a disminuir, por lo que recomiendan mantener una hidratación constante durante toda la jornada. El vaso de agua matutino de Vaello cumple la función de reponer líquidos tras el descanso nocturno, aunque por sí solo no constituye un factor milagroso.

