Migraña: afecta a más de cuatro millones de argentinos y el Hospital de Clínicas realizará una campaña de atención

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Persona con migraña sosteniendo su cabeza en una habitación oscura

La migraña afecta aproximadamente a una de cada diez personas en Argentina, según estimaciones. El Hospital de Clínicas realizará una campaña de atención abierta a la comunidad los días 29 y 30 de septiembre y 1 y 2 de octubre. Especialistas señalan la importancia de la consulta temprana y advierten sobre el uso excesivo de medicamentos de venta libre.

Casi todas las personas han experimentado dolor de cabeza en algún momento. La migraña, en cambio, se define por episodios de dolor intenso que pueden durar horas o días, acompañados de náuseas, vómitos y sensibilidad extrema a la luz o al ruido. Estos episodios pueden impedir asistir al trabajo, cancelar reuniones y obligar a permanecer en una habitación oscura hasta que remitan.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la migraña como una enfermedad neurológica caracterizada por ataques recurrentes que duran entre 4 y 72 horas. En 2021, fue la tercera enfermedad neurológica con mayor carga a nivel mundial medida en años de vida ajustados por discapacidad.

«La migraña o jaqueca no es un simple dolor. Es uno muy fuerte que suele aparecer en la pubertad y afecta sobre todo a personas de entre 20 y 40 años», explicó Daniel Gestro, médico de la División Neurología del Hospital de Clínicas.

En Argentina, las estimaciones indican que la migraña afecta aproximadamente a una de cada diez personas: más de cuatro millones. La distribución no es uniforme: alrededor de tres de cada cuatro afectados son mujeres. Parte de esa diferencia se relaciona con la influencia hormonal.

La relación entre hormonas y migraña está documentada. Las fluctuaciones de estrógeno pueden modificar la frecuencia e intensidad de los ataques y explicar por qué el problema se incrementa a partir de la pubertad. El ciclo menstrual, el embarazo, el puerperio, la perimenopausia y algunos tratamientos hormonales pueden modificar el patrón de las crisis. La American Migraine Foundation señala que más de la mitad de las mujeres con migraña relacionan sus ataques con la menstruación y que estos episodios pueden ser más prolongados e intensos.

«Cuestiones como el ciclo menstrual, el embarazo, la menopausia o tomar pastillas anticonceptivas pueden empeorar las crisis», comentó Gestro.

Además de los factores hormonales, existe una predisposición genética y cada paciente puede reconocer diferentes disparadores: alteraciones del sueño, ayunos prolongados, alcohol, estrés, calor intenso, luces brillantes, ruidos fuertes o determinados olores, entre otros. Llevar un registro de cuándo aparecen las crisis puede ayudar a detectar patrones individuales.

Reconocer una migraña no siempre es sencillo. El dolor suele ser moderado o intenso, muchas veces pulsátil y localizado en un lado de la cabeza, y puede empeorar con la actividad física. Son frecuentes las náuseas y la intolerancia a la luz y los sonidos. En algunos pacientes aparece, antes o durante el episodio, el denominado «aura»: síntomas neurológicos transitorios que pueden incluir alteraciones visuales, hormigueos o dificultades para hablar. No todas las migrañas son iguales ni todo dolor de cabeza es una migraña.

Uno de los principales problemas es la tendencia a naturalizar el dolor. María Hildt, miembro de la Asociación Migrañas y Cefaleas Argentina (Amyca), advirtió que muchas personas conviven durante años con síntomas compatibles sin obtener un diagnóstico adecuado: «Es frecuente que normalicen el dolor, se automediquen o consulten recién cuando comienzan a interferir seriamente con su vida laboral, académica, familiar o social».

La interferencia puede ser considerable. Medir la migraña solamente contando ataques deja afuera parte del problema. «No alcanza con preguntar cuánto duele. Necesitamos saber qué le impide hacer ese dolor a la persona», explicó Natalia Larripa, neuróloga de la Clínica de Cefaleas de Fleni y del Hospital Austral. Un paciente puede no faltar al trabajo pero hacerlo con una productividad muy inferior; o continuar ocupándose de sus hijos y de sus tareas a costa de un gran esfuerzo.

Existe otro riesgo: intentar solucionar cada crisis recurriendo sistemáticamente a medicamentos de venta libre. «Se debe tener cuidado con estas pastillas porque pueden empeorar el problema y generar más dolor», advirtió Gestro.

La OMS reconoce a la cefalea por uso excesivo de medicamentos como la cefalea secundaria más frecuente. Recomienda que el abordaje combine diagnóstico preciso, tratamiento de los ataques, prevención cuando corresponda, educación y modificaciones sencillas de hábitos.

Existen distintas alternativas terapéuticas: medicamentos para controlar los episodios agudos y opciones preventivas para pacientes con ataques frecuentes. La neuróloga Fiorella Martín Bertuzzi, presidenta de Amyca, señaló que un diagnóstico preciso permite diferenciar la migraña de otras cefaleas, reconocer posibles desencadenantes y definir una estrategia adaptada a cada paciente. «Cuanto antes se consulte, mayores son las posibilidades de reducir la carga de la enfermedad y recuperar actividades que muchas veces se abandonan por el dolor», explicó.

En ese contexto, el Hospital de Clínicas realizará una campaña de atención abierta a la comunidad los días 29 y 30 de septiembre y 1 y 2 de octubre. Para Gestro, una señal práctica que merece atención es la frecuencia: «Si duele la cabeza más de cinco veces al mes, hay que consultar. Existen tratamientos preventivos para bajar la intensidad y la cantidad de ataques».

Datos

  • En Argentina, la migraña afecta al 9,5% de los adultos: el 14% de las mujeres y el 5% de los varones.
  • A nivel mundial, la migraña afecta al 14%-15% de la población: más de 1.000 millones de personas.
  • La migraña es entre dos y tres veces más frecuente en mujeres que en hombres.
  • En 2021, la migraña fue la tercera causa mundial de carga por enfermedad neurológica, según la OMS.

Un test para medir el impacto cotidiano

¿Cuántos días de trabajo se perdieron en los últimos tres meses? ¿Cuántas jornadas se trabajó, pero a menos de la mitad de la capacidad habitual? ¿Cuántas actividades familiares o sociales quedaron suspendidas?

Esas preguntas forman parte del MIDAS -Migraine Disability Assessment-, una herramienta desarrollada para cuantificar la discapacidad vinculada con la migraña y facilitar la conversación entre médico y paciente.

El cuestionario analiza el impacto sobre trabajo o estudio, tareas domésticas y actividades familiares, sociales y recreativas. Su utilidad radica en mostrar algo que el número de ataques no siempre revela. «A veces el paciente nos dice ‘tengo dos o tres crisis por mes’ y ese número, aislado, no cuenta toda la historia», explicó la neuróloga Larripa. Si cada episodio implica perder una jornada laboral, no poder ocuparse de los hijos o cancelar actividades, la carga puede ser importante aun cuando las crisis no sean muy numerosas.

Los buenos hábitos ayudan a disminuir los ataques

No existe una receta universal para evitar las migrañas. Tampoco una lista de alimentos prohibidos que funcione para todos. Pero cada vez hay mayor interés en identificar factores cotidianos que pueden favorecer una crisis. Entre ellos el ayuno prolongado, los cambios en los horarios de sueño, la deshidratación, el alcohol y ciertos alimentos. La OMS incluye entre sus recomendaciones mantener horarios regulares de sueño y ejercicio, dieta saludable, buena hidratación y un registro de los episodios que permita reconocer desencadenantes. «Una alimentación equilibrada ayuda a prevenir las migrañas, ya que los patrones de alimentación irregulares pueden funcionar como predictores de ataques al igual que la falta de hidratación», explicó la nutricionista Perla Manera del equipo de Diagnóstico Maipú. Eso no significa comenzar a eliminar alimentos por cuenta propia. Café, alcohol, quesos, chocolates o carnes procesadas son mencionados como posibles disparadores, aunque la respuesta varía en cada uno.

Una herramienta es el «diario de migraña»: registrar cuándo comenzó el episodio, cuánto duró, qué se comió, cuánto se durmió, la cantidad de líquidos y el estrés. Gestro también recomienda actividad aeróbica regular, evitar ayunos prolongados, mantener horarios estables de descanso y reducir la exposición a estímulos que funcionen como «disparadores» personales.