El ex capellán de la Policía bonaerense, condenado a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad, envió una carta al obispo de Nueve de Julio para que gestione su traslado a la Unidad 2 de Devoto el 11 de noviembre.
Christian von Wernich, ex capellán de la Policía bonaerense que cumple prisión perpetua por su participación en torturas y crímenes de lesa humanidad durante la dictadura, envió una carta al obispo de Nueve de Julio, Ariel Torrado Mosconi, en la que solicita su intervención para obtener un permiso judicial que le permita trasladarse a la cárcel de Villa Devoto y asistir al encuentro del Papa León XIV con los presos, previsto para el 11 de noviembre.
En la misiva, fechada el miércoles 23, von Wernich argumentó que a sus 89 años y con discapacidad motriz, este gesto «representaría un bálsamo de misericordia y paz espiritual en este tramo final» de su vida. El ex capellán pidió a su superior en la Iglesia que gestione ante el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata, en la Causa 91002506/2007, «el permiso necesario» para lograr su traslado a Devoto.
Según la agenda papal en la Argentina, la visita del Papa al penal de Devoto está prevista para las 8:30 de ese miércoles, en su última jornada en el país, y tendría una duración de casi una hora con una reunión con reclusos, la declaración del testimonio de uno de ellos y el mensaje de León XIV para las personas privadas de su libertad.
La carta fue compartida este viernes en las redes por el Foro Argentino de la Defensa, una institución creada por ex militares y especialistas en el tema, que expresó su confianza en que «la Justicia lo contemple con la misericordia que el Papa viene a llevar a las cárceles argentinas».
En su escrito, von Wernich explicó que hacía su pedido «con profunda humildad y confianza filial» como sacerdote de la diócesis de Nueve de Julio. Señaló: «Hoy con 89 años de edad y cumpliendo ya 23 largos años de privación de la libertad en el ámbito del Servicio Penitenciario Federal».
Tras señalar que la visita pastoral de León XIV a la cárcel de Devoto será «uno de sus encuentros más significativos será con los hermanos privados de la libertad», von Wernich escribió: «Con todo el fervor de mi vocación sacerdotal en la cual he servido en el pasado como capellán, mi más hondo anhelo espiritual es poder estar presente en ese encuentro único con el Sucesor de Pedro para recibir su bendición tras la prolongada cruz que estoy viviendo».
También le solicitó al obispo «su intervención directa» como una «sagrada misión» para que gestione ante el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata «el permiso necesario» para lograr su traslado. Además, precisó que solo pedía «poder estar presente solamente durante el tiempo que dure la presencia del Santo Padre en esa Unidad Penitenciaria».
«Su voz paternal y su autoridad moral tienen el peso indispensable para que la justicia contemple este pedido», añadió en la carta al obispo. Y acotó: «Dada mi avanzada edad, mi actual condición de discapacidad motriz y los rigores acumulados de tantos años de encierro, le ruego con el corazón en la mano que encabece esta gestión».
Von Wernich recordó al obispo que tanto la Unidad 34 de Campo de Mayo como la de Villa Devoto pertenecen al mismo Servicio Penitenciario Federal, por lo que «un traslado interno o temporario para una ocasión de tal magnitud resulta perfectamente factible de coordinar por horas durante esa jornada».
Antes de cerrar la carta con sus saludos y bendición, von Wernich señaló que «poder participar de este acto tan especial del Papa León XIV gracias a su intercesión pastoral representaría un bálsamo de misericordia y paz espiritual en este tramo final de mi vida terrenal y de mi ministerio sacerdotal».
En octubre de 2007, von Wernich fue condenado por el Tribunal Oral Federal 1, que entonces presidía el juez Carlos Rozanski, a prisión perpetua por varios delitos que implican crímenes de lesa humanidad. En sus fundamentos, el tribunal sostuvo que el capellán «formaba parte de torturadores itinerantes» que circulaban por los centros clandestinos de detención. «Un sacerdote que se maneja con autoridad ante los carceleros, entrando y saliendo a su antojo de las celdas, no es un torturador cualquiera, es uno calificado», sostuvo Rozanski al leer los fundamentos.

