Luz Birba trabajó más de una década en marketing en una empresa de bebidas y aperitivos. En 2017 dejó la vida corporativa y abrió Las Vueltas de Luz, un taller de cerámica en su casa que hoy reúne a cerca de 80 alumnas.
Luz Birba se recibió de Administradora de Empresas y orientó su carrera al marketing en grandes compañías de consumo masivo. Sus primeros pasos fueron en la industria del calzado e indumentaria deportiva. Dos años después ingresó a una empresa de bebidas y aperitivos, donde trabajó durante 11 años. Comenzó como asistente en el área de desarrollo de nuevos productos.
En ese rol participó en diseño de producto, packaging, materiales promocionales y campañas de comunicación. Según declaró, lo que más disfrutó fueron los procesos creativos. También señaló que le pesaba la falta de tiempo libre por los viajes y la presencialidad full-time de lunes a viernes.
Tras el nacimiento de su primer hijo continuó trabajando. Dos años después, con su segunda hija en camino, decidió tomar un año sabático. En ese período se anotó en un taller de alfarería dos veces por semana.
Luego se asoció con una amiga y un agente de viajes para organizar eventos y escapadas corporativas. Esa etapa se extendió casi una década. En paralelo mantuvo el espacio de alfarería. Armó un rincón creativo en el fondo de su casa: primero instaló un torno y más tarde un horno.
Hacia mediados de 2017 comenzó a abrir su taller a otras personas. Sumó más tornos, usó por un tiempo el comedor de su casa y convocó a familiares y amigos para probar la dinámica de enseñanza. Durante seis meses convivieron la agencia de viajes y el taller en formación. Luego comunicó a sus socios que dejaba la agencia y fundó formalmente su propio espacio, llamado Las Vueltas de Luz.
Un año después construyó un espacio propio pegado a su casa. Según relató, postergó arreglos urgentes y destinó sus ahorros a levantar el taller. Tiempo más tarde, con el taller en funcionamiento, encaró las refacciones pendientes.
Actualmente el taller reúne a cerca de 80 alumnas. Luz Birba realiza tareas de reciclado de pasta, preparación de esmaltes, control de secado, horneado, compras y administración de redes, con el apoyo de otras profesoras.
Consultada sobre su trayectoria, afirmó: “No me arrepiento de mi primera profesión: me dio el respaldo que hoy uso para gestionar mi emprendimiento. Pero en la alfarería encontré un oficio sin fecha de vencimiento, donde los años suman experiencia y no te dejan afuera. En el marketing mi energía se hubiera agotado; el barro, en cambio, me llena de vitalidad”.

