El psicólogo humanista español Joan Garriga, introductor de las constelaciones familiares en España, explica en una entrevista los fundamentos de este abordaje terapéutico y su relación con Bert Hellinger.
En 1990, el psicoterapeuta alemán Bert Hellinger desarrolló el término ‘constelaciones familiares’, un enfoque terapéutico que se centra en observar cómo se relaciona y se comporta el sistema familiar alrededor de un conflicto.
El encargado de introducir a Hellinger en España fue el psicólogo humanista y gestaltista Joan Garriga, que en una entrevista para La Vanguardia explica que “las constelaciones familiares son un abordaje terapéutico más, que tiene valor escénico, con lo cual tiene bastante impacto y generalmente acelera los procesos de cambio o de sanación que algunas personas necesitan”.
Garriga, uno de los principales referentes sobre constelaciones familiares en España, se caracteriza por hacer convivir teoría psicológica, filosofía y espiritualidad. Licenciado en psicología, en 1986 creó el Instituto Gestalt de Barcelona, donde desarrolla su actividad como terapeuta y formador en constelaciones familiares. En 1999 invitó a Bert Hellinger a presentar su trabajo sistémico sobre constelaciones familiares. Con el tiempo, él mismo se convirtió en uno de sus principales exponentes. En su último libro ‘Constelar la vida’ asegura que las constelaciones familiares son “una herramienta de exploración de la felicidad y la infelicidad en las tramas vinculares”.
¿Qué son las constelaciones familiares?
Las constelaciones familiares sirven para mirar los asuntos que son problemáticos para la persona desde una perspectiva escénica. Muchos asuntos tienen una raíz vincular y relacional, y por eso, la mayoría de constelaciones miran vínculos y relaciones. Por ejemplo, en una constelación se puede poner a tu padre, a tu madre, a tu abuelo, a tu abuela, a ti y entonces escénicamente nos acercamos a una comprensión más nítida acerca de las dinámicas profundas que mueven los hilos de tu comportamiento, de tu actitud y que te llevan a situaciones problemáticas, ya sea con tu pareja, con tus hijos, en el trabajo o con la salud. Por tanto, es un abordaje terapéutico más, que tiene este valor escénico, con lo cual tiene bastante impacto y generalmente acelera los procesos de cambio o de sanación que algunas personas necesitan.
¿Qué cualidades esenciales tiene que tener un buen constelador familiar?
Como para todo, tiene que estar bien preparado y bien formado. Tener conocimientos de las dinámicas del funcionamiento de las personas y conocimientos psicológicos profundos. Es necesario tener una idea muy clara de cómo funciona el encuadre de la relación y de la ayuda. Es necesario ser humilde, ir un paso por detrás y no pretender dirigir la vida de nadie y limitarse a ser un co-explorador.
¿Cuáles son los beneficios y los prejuicios de las constelaciones familiares?
Es muy difícil de establecer. Las constelaciones familiares no son un proceso terapéutico completo, sino que se trata de una intervención terapéutica que permite mirar muy de cerca cosas que están muy incrustadas en nuestro ser porque pertenecen a los vínculos.
En cuanto a los beneficios, son una especie de desatascos en la manera en que tú te orientas hacia la pareja, en la manera en que te relacionas con tus padres, en la manera en que asumes tu rol de jefe de subordinado, un mayor acercamiento hacia ti misma para que en ti haya menos sombras, para que todo esté más claro y nítido dentro de ti, para que estés más cómoda dentro de tu piel. Mucha gente afirma que la experiencia ha sido positiva, incluso para algunas personas muy positiva.
Sobre los perjuicios, si están bien llevadas, no creo que haya perjuicios. Que sean bien llevadas quiere decir que van un paso por detrás.
Se apunta que las constelaciones están basadas en los movimientos del corazón, pero: ¿Qué entendemos al hablar de estos movimientos?
La mayoría de las terapias miran muy de cerca la historia del corazón de las personas, es decir, aquello que han sido potencias y bendiciones, así como las heridas. La mayoría de problemas que presentan las personas en forma de síntomas o en forma de complicaciones relacionales tienen que ver con heridas no asumidas, no trabajadas, no procesadas y no integradas. El corazón, en el sentido literal, tiene un movimiento de expansión y contracción, pero la persona también se expande en el bienestar, en el buen trato. Se expanden cuando las cosas vinculares fluyen con amor, con cordialidad, y se contrae cuando te tratan mal, cuando hay negligencias, cuando hay abandonos. Este es el punto con el que trabajan la mayoría de psicoterapeutas.
En su último libro, ‘Constelar en la vida’, habla sobre la muerte y la importancia de integrar la muerte en la vida. ¿Cómo se trabaja esto en terapia?
La vida no es solo la pérdida de personas, sino que es un proceso de pérdidas. Perdemos cosas que teníamos como salud o juventud, pero ganamos otras cosas. Vivir también es aprender a perder, no solo es aprender a ganar. La gran pérdida es la muerte propia y los grandes dolores son la muerte de otras personas. Y en las familias cuesta muchas veces de procesar pérdidas de niños, pérdidas traumáticas, pérdidas trágicas, pérdidas accidentales. Es cierto que la muerte se ha ido encapsulando y apartando de lo cotidiano cuando en realidad es lo que ocurre todos los días. Es decir, no podemos evadirnos de ella.
Lo que vemos en el trabajo terapéutico son terapias existenciales que tocan los impactos de la existencia que son difíciles de procesar. Cuando miramos los sistemas familiares, nos damos cuenta de que han sufrido pérdidas que no han procesado bien. No podemos burlar la realidad, ni a la muerte ni a los muertos. Hay que honrarlos, dignificarlos.
¿Cómo ves el futuro de las constelaciones familiares, y su integración en las terapias modernas de psicología?
En realidad es una de las terapias más modernas que en los últimos años están teniendo importancia en la sanación de los traumas. Y sobre el futuro, no tengo ni idea la verdad. Las cosas tienen vigencia mientras son útiles y sirven, y cuando dejan de servir o de ser útiles se van difuminando, así que no lo sé. Yo creo que al no ser una terapia solo conversacional, sino que es escénica, activa, dinámica, tiene mucha fuerza, y supongo que se irán evolucionando como todos, se irán aprendiendo cosas nuevas, maneras más directas de que la persona pueda ir resolviendo estas agitaciones que no resolvió en su vida.
Su último libro, ‘Constelar en la vida’ va dedicado a Bert Hellinger, y él está presente a lo largo del libro. ¿Qué le ha aportado el contacto con él?
Tuvo un impacto significativo en cómo yo tenía estructurados estos sistemas y me ayudó a reestructurar mi manera de mirar mi sistema familiar. Para mí fue providencial, aunque ya llevaba muchos años trabajando como psicólogo y psicoterapeuta dentro de los abordajes humanistas. Me impactó porque en muy poco tiempo se puede mirar muy de cerca las tramas sutiles que rigen los vínculos.
La primera vez que vino Hellinger me quiso regalar mis constelaciones. Era de estos psicoterapeutas que no solo son técnicos, sino que han acumulado una sabiduría sobre la existencia que aporta algo más a la mera tecnología de la psicoterapia. Y en este libro último, cuando se cumplen 25 años que invité a Hellinger y trajimos las constelaciones aquí, he querido hacer una especie de homenaje para mostrar lo que yo he aprendido en estos 25 años, mi manera de enfocar, de ver, de entender y de sentir el trabajo.
Marta Sánchez

