Crece la tenencia de gatos en Argentina: datos sobre una tendencia en aumento

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Gato doméstico en un departamento

Según estudios de Kantar Insights y Voices, la proporción de hogares con mascotas y la presencia de gatos muestran un incremento sostenido. Factores demográficos y cambios en los estilos de vida aparecen asociados a esta evolución.

Argentina es el país con mayor cantidad de mascotas por habitante en el mundo, de acuerdo con un relevamiento de Kantar Insights realizado a 27.000 personas de 22 países, de las cuales 1.011 corresponden al ámbito local. La media global de tenencia de mascotas es del 56%, mientras que en el país asciende al 80%. Le siguen México, Rusia y Estados Unidos.

Dentro de ese universo, los perros continúan siendo los animales de compañía más elegidos, pero los gatos han ganado terreno en los últimos años. La consultora Voices relevó la evolución de la tenencia de mascotas a nivel nacional: en 2018, el 60% de los encuestados tenía una; en 2020, el 70%; en 2023, el 79%; y en 2026, el 85%, sobre una base de mil encuestados.

Entre quienes convivían con animales, en 2018 el 88% tenía perros y el 40% gatos. Este año, las cifras variaron al 83% y al 52%, respectivamente.

El Registro Nacional de Perros y Gatos, impulsado por Old Prince, Kongo y Fawna, reúne hasta el momento 21.736 animales de todo el país, de los cuales 5.629 son gatos. Algunos de los nombres más frecuentes para los felinos son Tom, Simón, Simba, Romeo, Pelusa y Olivia.

Consultada por Clarín, Silvina Muñiz, presidenta de la Asociación de Veterinarios especializados en Animales de Compañía en Argentina (AVEACA), explicó: “En un contexto social en el que cada vez más personas viven solas, tienen jornadas laborales extensas o buscan animales que puedan adaptarse a espacios reducidos, el gato aparece como un compañero especialmente compatible con estos nuevos estilos de vida”.

Datos del Censo de 2022 en la Ciudad de Buenos Aires indican que los hogares unipersonales representan casi el 40% del total y que casi tres de cada cuatro viviendas particulares son departamentos.

Alejandro, de 27 años, vive en un departamento y adoptó a Limón. Sobre la elección de un gato, señaló: “El perro ensucia mucho o junta mucho olor y además es mucho más dependiente del humano”. Agregó que, aunque son más independientes, “igualmente necesitan compartir tiempo con alguien”.

Desde el refugio Proyecto 4 Patas, la voluntaria Fernanda Lazzarino indicó que la percepción sobre los gatos cambió en la última década: “Se fue cortando ese mito de que el gato es independiente, salvaje, distante y de que no puede vivir en un hogar o en un departamento”.

En cuanto al comportamiento, precisó que entre los tres y cuatro meses se da un período importante para la socialización con humanos. “La realidad es que si tienen lugares en altura, rascadores, sus piedras, juegos, estimulación de olfato y contacto con sus dueños día a día pueden vivir una vida completamente feliz”, afirmó.

Florencia, de 28 años, adoptó una gata cuando ya vivía sola con su perra. La describe como su “sombrita” y sostiene: “Los gatos son muy diferentes en cuanto a su carácter y eso es lo bueno, cada gatito es único. Y son una buena compañía cuando vivís en un departamento”.

El vínculo con los animales también se modificó: es más común referirse a ellos como integrantes de la familia o “hijos”. Para Muñiz, “su ronroneo, el contacto corporal, la mirada, la búsqueda de proximidad y hasta el simple hecho de compartir un espacio pueden generar una profunda sensación de bienestar y compañía”.

En el último tiempo se lanzó una prepaga para perros y gatos en Argentina, de Grupo Omint, que ofrece planes de cuidado preventivo con atención en veterinarias, guardias 24 horas, cirugía, internación, diagnóstico por imágenes y más de 25 especialidades.

Darya, de 27 años, adoptó a su gata al mudarse y describió el vínculo: “El gato da un amor muy profundo que es distinto al del perro, no es mejor ni peor, sino que es un amor que quizás se corresponde más con cómo me gusta ser amada a mí”. Trabaja desde su casa y dijo sentir “culpa de madre” cuando no puede dedicarle suficiente tiempo.