Un análisis del médico psiquiatra Adrián E. Cillo explica el mecanismo neurológico por el cual las personas tienden a repetir patrones de comportamiento que les resultan perjudiciales, basado en la predicción del futuro a partir de experiencias pasadas.
El médico psiquiatra Adrián E. Cillo, especialista en psicotrauma y terapia EMDR, publicó un análisis sobre las razones por las cuales las personas suelen repetir conductas que les generan daño emocional. El texto fue difundido en el sitio Combo Noticias.
Según Cillo, una mujer puede prometer que no volverá a elegir a alguien que la ignore y, años después, encontrarse esperando nuevamente una respuesta que no llega. Un hombre puede jurar que no tratará a sus hijos como fue tratado, pero un día escucha en su propia voz las palabras que le dolieron. Estas situaciones ocurren no porque exista un deseo consciente de sufrir, sino porque el cerebro reconoce con mayor facilidad lo conocido que aquello que podría hacerle bien.
El especialista explicó que desde los primeros años las personas aprenden qué esperar de los demás: si estarán disponibles, si responderán cuando se los necesite, si expresar una emoción será recibido con cuidado o convertido en motivo de rechazo. Estas experiencias no quedan solo como recuerdos, sino que se transforman en un mapa con el que se intenta anticipar lo que ocurrirá.
El cerebro utiliza el pasado para predecir el futuro, lo que permite actuar rápidamente sin analizar cada situación desde cero. Sin embargo, ese mecanismo también tiene un costo: se puede seguir esperando aquello que se vivió, incluso cuando causó daño.
Quien aprendió que el amor siempre llega acompañado de distancia puede sentirse atraído por personas emocionalmente inaccesibles. Quien creció intentando evitar conflictos quizá calle sus necesidades para no perder un vínculo. Quien fue humillado puede interpretar una observación mínima como una amenaza. Estas reacciones no son decisiones completamente conscientes; muchas veces se actúa antes de comprender qué se está tratando de evitar.
Lo conocido no siempre es seguro, pero suele ser previsible. Para un cerebro organizado alrededor de la amenaza, lo previsible puede resultar menos inquietante que lo nuevo. Por eso una relación respetuosa puede generar desconfianza, la calma puede sentirse extraña y recibir cuidado puede ser más difícil que ofrecerlo.
Cillo aclaró que esto no significa que la infancia determine inevitablemente el destino ni que toda elección afectiva sea consecuencia de un trauma. Significa que las experiencias repetidas crean expectativas, y que esas expectativas influyen en aquello que se observa, se tolera y se elige.
Comprender un patrón es importante, pero no siempre alcanza para modificarlo. El cambio necesita experiencias nuevas: poner un límite y comprobar que el mundo no se derrumba; expresar una necesidad y descubrir que alguien permanece; recibir afecto sin tener que ganarlo mediante el sacrificio. La psicoterapia puede ofrecer un espacio para reconocer esas repeticiones y ensayar respuestas diferentes.
El especialista concluyó que sanar no consiste en culpar al pasado ni en borrar lo vivido, sino en dejar de confundir lo familiar con lo inevitable. La historia puede explicar el camino que se aprendió a recorrer, pero no tiene por qué decidir adónde se irá. Cambiar comienza cuando se descubre que lo nuevo no siempre es peligroso y que aquello que se siente conocido no necesariamente es amor.
Adrián E. Cillo es médico psiquiatra, especialista en psicotrauma y terapia EMDR. Dirige la Diplomatura en Trauma y Disociación de la Universidad Favaloro.

