Especialistas consultados por Clarín señalaron que el aislamiento social y el estilo de vida actual reducen la exposición a microorganismos beneficiosos, lo que podría incrementar la incidencia de enfermedades alérgicas y autoinmunes en la infancia.
La pandemia de COVID-19 intensificó prácticas de distanciamiento y asepsia que, según especialistas, podrían tener efectos sobre el sistema inmunológico de los niños. En declaraciones a Clarín, Claudio Parisi, expresidente de la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica y miembro de la Sociedad Argentina de Pediatría, explicó que la falta de contacto con microorganismos beneficiosos durante los primeros años de vida podría aumentar el riesgo de desarrollar alergias y enfermedades autoinmunes.
Parisi señaló que la pandemia exacerbó una tendencia previa al aislamiento de patógenos, conocida como “teoría de la higiene”. Según el especialista, esta teoría fue reemplazada por la de los “buenos amigos”, que postula que la exposición a ciertos microorganismos desde el nacimiento es necesaria para que el sistema inmunológico se desarrolle de manera equilibrada.
El médico indicó que los primeros 1.000 días de vida —desde el embarazo hasta los dos años— son cruciales para que la microbiota eduque al sistema inmunológico. Durante la pandemia, señaló, hubo menos infecciones comunes y más nacimientos por cesárea, lo que podría haber reducido la exposición a estímulos beneficiosos en recién nacidos.
Cuando el sistema inmunológico no recibe esa educación temprana, explicó Parisi, puede responder de forma inadecuada a estímulos externos como pólenes, ácaros o epitelios de animales, generando procesos inflamatorios como rinitis alérgica, asma o alergias alimentarias. También mencionó un aumento de enfermedades autoinmunes, como la diabetes.
Parisi afirmó que, una vez establecida la alteración inmunológica, no existen tratamientos curativos. Por ello, destacó la importancia de actuar preventivamente durante la ventana de oportunidad que representan los primeros años. En este sentido, mencionó la “marcha atópica”, un patrón en el que una alergia puede derivar en otras, y señaló que la dermatitis atópica podría facilitar la entrada de alérgenos a través de la piel.
El especialista también se refirió a la alimentación. Explicó que la recomendación actual de la Sociedad Argentina de Pediatría es introducir alimentos semi sólidos a partir de los 6 meses sin retrasar la incorporación de potenciales alérgenos, como huevo, pescado o maní, ya que la exposición temprana a través del aparato digestivo podría favorecer la tolerancia.
Finalmente, Parisi identificó como un hábito de riesgo la falta de contacto con la naturaleza, el encierro, el uso excesivo de pantallas y una alimentación poco variada. Según el médico, la exposición a animales, la luz solar y una dieta rica en frutas y verduras podrían contribuir a una mejor respuesta inmunológica.

