La especialista madrileña Lara Ferreiro analizó los gestos que mostró el capitán argentino durante la derrota frente a España en la final del Mundial 2026 y desmintió que solo se trate de reacciones de enojo por perder un partido.
La derrota de la selección argentina en la final del Mundial 2026 dejó una imagen poco habitual de Lionel Messi a los espectadores. Durante gran parte del partido, el capitán se mostró más expresivo que de costumbre al discutir con el árbitro, reclamar varias decisiones, hablar con sus compañeros y lloró tras el pitazo final.
Para la psicóloga española Lara Ferreiro, esas reacciones no fueron casuales. En un análisis sobre el comportamiento del futbolista compartido con el diario El Español, la experta sostuvo que la intensidad emocional del encuentro activó un mecanismo de defensa que suele aparecer cuando una persona percibe que está perdiendo el control de una situación decisiva.
Según explicó la especialista, uno de los momentos que mejor refleja ese estado fue cuando Messi reclamó al árbitro una sanción contra Marc Cucurella y mantuvo reiterados intercambios con el árbitro. Para Ferreiro, ese comportamiento responde a lo que define como un estado de “supervivencia competitiva”. “El partido se le escapaba y su cerebro entró en supervivencia”, explicó al analizar la conducta del capitán argentino.
La experta también remarcó que otro de los puntos más importantes a analizar es la evolución del lenguaje corporal del capitán argentino a medida que avanzaban los minutos. De acuerdo con su mirada, Messi inició la final con la seguridad que suele transmitir en cada uno de los encuentros deportivos. Sin embargo, el desarrollo de esta instancia y la dificultad para imponer su juego modificaron gradualmente sus expresiones.
Primero aparecieron señales de ansiedad, luego gestos de frustración y, cuando el tiempo comenzó a agotarse, se notó una resignación cada vez más evidente. España logró reducir su participación en el juego, una situación poco frecuente para un futbolista acostumbrado a ser el principal generador de peligro de su equipo.
Ante ese escenario, el rosarino intentó asumir otro rol dentro del campo. Más allá de no poder influir con la pelota como acostumbra, buscó sostener anímicamente al grupo, aunque el desgaste emocional también terminó reflejándose en sus propias reacciones.
Otro de los aspectos que destacó la psicóloga fue el contexto personal en el que Messi disputó esta final. La posibilidad de que se haya tratado de su última Copa del Mundo incrementó la carga psicológica de cada jugada y convirtió el partido en una experiencia excepcional desde el punto de vista emocional. Según Ferreiro, cuando un deportista siente que afronta una oportunidad irrepetible, el nivel de exigencia interna aumenta de manera considerable y resulta más difícil mantener la serenidad habitual.
Las lágrimas de Messi tras el final del encuentro fueron, para la especialista, la consecuencia de esa acumulación de tensión y también el reflejo de una despedida que muchos hinchas interpretan como el cierre definitivo de una etapa histórica con la camiseta argentina.
Finalmente, aclaró que atravesar una derrota de semejante magnitud puede dejar una huella emocional muy profunda sin que eso implique necesariamente un trastorno psicológico. A su entender, se trata de una experiencia de enorme intensidad que puede permanecer durante años en la memoria del deportista.
