El artista bonaerense Ramiro Pasch presenta Primum Mobile, una exposición individual en la galería ALMACÉN 47, en el marco de Central AFFAIR, donde emplea la técnica del temple al huevo para crear obras de pequeño formato que combinan influencias del gótico medieval, el surrealismo y los arquetipos simbólicos.
La pintura al temple es una técnica milenaria, la más antigua de la que se tiene registro, con obras encontradas en el Antiguo Egipto, como los emblemáticos Retratos de El Fayum, arte bizantino y el primer Renacimiento, siendo Botticelli, Miguel Ángel y Leonardo algunos de sus grandes exponentes.
Muchas de las que se consideran obras maestras están realizadas a partir de la mezcla de un pigmento en polvo, diluido en agua y aglutinado con algún material orgánico, como la yema de huevo. En ese sentido, hay algo de una vieja alquimia, de recuperar un saber que la llegada del óleo y después de los sintéticos dejó como una anécdota de la historia.
En su trabajo, el artista bonaerense Ramiro Pasch la recupera como parte de un proceso laborioso, que se traduce también en sus composiciones, donde la paciencia y el detalle redundan en las pequeñas obras que presenta en Primum Mobile, su individual en galería ALMACÉN 47, dentro del marco de Central AFFAIR, en galerías Larreta.
En diálogo con Infobae Cultura, Pasch explicó su obra desde una búsqueda doble: llevar al presente una técnica casi desplazada como el temple al huevo y usarla para construir un imaginario donde la pintura gótica medieval, el surrealismo y los arquetipos simbólicos conviven en escenas pequeñas que, según definió, “se extienden en el tiempo” más que en el espacio.
Esa apuesta técnica tiene una consecuencia material concreta: cada temple exige una superficie rígida de madera preparada con gesso, capas acuosas y transparentes, y un ritmo de trabajo lento. Pasch precisó que una pieza pequeña puede demandarle “un mes o tres semanas por lo menos”, mientras que las acuarelas, que también presenta en la exhibición, requieren menos tiempo.
En su devenir, la llegada al temple surgió como una continuidad, ya que primero trabajó en tinta, luego sumó acuarela y cuando sintió que había alcanzado “un techo”, recurrió al temple para tener “un poco más de peso, un poco más de volumen”, también en sentido físico en las obras.
Pasch trabaja principalmente con dibujo, acuarela y temple al huevo, y su producción se centra en la construcción de universos narrativos donde se cruzan símbolos, mitología, filosofía y espiritualidad, con una exploración de la tensión entre lo visible y lo oculto.
Primum Mobile toma su nombre de un concepto de la astronomía y la filosofía medieval: el “primer móvil”, la esfera celeste a la que se atribuía el movimiento del cosmos y el origen del tiempo. Desde esa referencia, el artista plantea una reflexión sobre el origen, la transformación, los opuestos y lo que permanece oculto detrás de lo visible.
“El primum mobile es el primer movimiento, es la idea de que existe algo que dio movimiento al mundo. Ese principio puede llamarse Dios, Big Bang o huevo primigenio, pero en todos los casos refiere a una fuerza inicial única de la que deriva todo lo demás”, dijo.
En su obra, la técnica de Pasch no funciona como ornamento sino como parte del sentido y, en ese sentido, el temple le permite convertir la trama, la superposición de capas y la escala reducida en una forma de mirar más lenta. El detalle o los detalles, en ese pequeño formato, invitan al ojo a acercarse, a construir una narrativa de la observación por sobre el efecto, lo evidente.
Así, Pasch definió sus piezas como objetos de observación demorada. “Mis obras se extienden por ahí, no tanto en el tamaño, en el espacio, porque son pequeñas, pero sí en el tiempo”, dijo al explicar que el espectador necesita acercarse para descubrir cómo una trama se apoya sobre otra. Lo comparó con “una pieza de relojería”, porque le permite trabajar con pinceles redondos de acuarela de entre el cero y el dos y construir detalle por detalle sin perder el control de la composición.
Al describir el procedimiento, Pasch sostuvo que el temple comparte un componente “tan alquímico” como su propia preparación material. La pintura se aplica sobre tabla con gesso porque necesita una base “muy rígida, pero también absorbente”; si se usara sobre lienzo, explicó, la flexibilidad del soporte terminaría por quebrar la capa pictórica.
El punto decisivo, para él, está en la imposibilidad de mezclar libremente sobre la superficie como ocurre con el óleo: “Una vez que uno hace una pincelada, se seca instantáneamente”, señaló, y agregó que esa restricción obliga a resolver luces, sombras y volúmenes mediante “tramas superpuestas de pintura muy transparente”.
Más allá de la técnica, Pasch situó el origen de sus escenas en una idea espacial heredada de la pintura medieval. Frente a la centralidad perspectívica del Renacimiento, dijo que le atrae el “espacio fragmentado” de la tradición gótica italiana, donde una obra puede leerse como un mapa y no desde un único punto de fuga.
“Vos entrás por donde quieras”, explicó al hablar de esas composiciones, pobladas por escenas parciales, repeticiones y recorridos múltiples. A su juicio, esa estructura se parece a las viñetas narrativas de algunas pinturas religiosas medievales, en las que un mismo personaje aparece reiterado en distintos episodios.
En la obra de Pasch aparecen de forma persistente diferentes niveles de perspectivas, microescenas y pequeños gestos que se repiten, construyendo una continuidad refractaria que apela a la extrañeza.
“Mi idea original siempre fue tratar de hacer un puente entre lo que es la pintura gótica medieval y el surrealismo”, dijo, y añadió que en los últimos años incorporó además los arquetipos junguianos y la figura circular o esférica como emblema del origen.
Ese repertorio, según explicó, remite a oposiciones y figuras universales: lo femenino y lo masculino, el caos y el orden, el gran padre y la gran madre. En algunas obras esos signos aparecen de forma explícita; en otras quedan más ocultos, como en el retrato de Sofía, donde señaló que el indicio decisivo es un huevo visible en la frente.
Para Pasch esos símbolos, no pertenecen solo al pasado, sino que “siguen presentes en las palabras, los instintos y las imágenes colectivas, aunque muchas veces no se los advierta”.
Allí ubicó una función central de la imagen: la pintura permite traducir textos o ideas complejas a un plano más tangible y más accesible que la escritura, de modo que el símbolo pueda abordarse visualmente.
Primum Mobile, de Ramiro Pasch, en Almacén 47 en Central AFFAIR, galerías Larreta, San Martín 954 / Florida 971, Piso 1, Local 47. De martes a viernes, de 15 a 19 horas. Entrada gratuita.
