La hija menor del actor chileno le dejó una nota en un guion de trabajo durante el reencuentro en Turquía, donde reside con su madre, la China Suárez, y Mauro Icardi.
Benjamín Vicuña se reencontró con sus hijos menores, Magnolia y Amancio, tras dos meses sin verlos. Los niños se encontraban en Turquía, donde María Eugenia ‘la China’ Suárez reside junto a Mauro Icardi. El actor chileno compartió en su perfil de Instagram, que cuenta con 3,2 millones de seguidores, una historia en la que mostró un dibujo realizado por Magnolia sobre la hoja de un guion impreso. En el dibujo se lee: “Papá, te amo mucho”, junto a un corazón y una carita sonriente firmada como “Magno”. En la imagen también se observan dos resaltadores de color naranja ubicados en paralelo en el ángulo inferior derecho, lo que sugiere un entorno de trabajo iluminado por una luz ambiente suave.
Además, Vicuña publicó una fotografía en la que aparecen sus cinco hijos caminando por una vereda porteña. En la imagen, Bautista lleva de la mano a Amancio, mientras Magnolia gesticula y conversa a su lado. Beltrán y Benicio encabezan el grupo. La publicación fue acompañada por una frase del escritor Albert Camus: “La hermandad no consiste en caminar delante ni detrás de alguien, sino a su lado”.
El actor ha declarado en reiteradas ocasiones que la familia es un pilar central en su vida, especialmente tras la muerte de su hija Blanca, fruto de su relación con Carolina ‘Pampita’ Ardohain. En 2023 publicó el libro Blanca, la niña que quería volar (Planeta), donde abordó el duelo por esa pérdida. Durante una entrevista en el programa DDM (América TV), Vicuña explicó que el libro surgió de publicaciones en redes sociales: “Nació a través de posteos, algo tan frívolo, pero fue mi necesidad de expresarme con una comunidad, expresar ese dolor, y empecé a sentir un diálogo con muchas personas que estaban atravesando eso”. Sostuvo que “ese fue el esqueleto, la estructura para escribir este libro, y las respuestas son impresionantes. Hasta el día de hoy me emociona mucho ver que tuvo sentido, que algo tan doloroso pudo generar tanta luz”. También afirmó: “Aprendí a vivir, a intentar, a disfrutar el momento, a mirar a los ojos. Aprendía a abrazar a mis hijos, a agradecer, a estar conectado con el ahora, con el presente”.
