Diferentes centros que estudian la salud mental y el comportamiento de las personas en sociedad aseguran que esta práctica forma un individuo más responsable en la adultez.
Quienes tienen hermanos menores y alguna vez les tocó cuidarlos, en especial a una edad temprana, no solo se concibe más allá de un gesto importante en el apoyo familiar, sino que es una actitud humana que aporta habilidades emocionales y sociales únicas, según la psicología. Entendé cómo sucede esto y cómo aquellas prácticas sirven para moldear una adultez más responsable.
Los estudios sobre vínculos familiares por parte de centros especializados en psicología hallaron que este acto fraternal tiene una incidencia directa en hábitos a futuro y desarrolla la paciencia, la empatía, el afecto, la capacidad de resolver conflictos y la observación emocional. Esto funciona como un “entrenamiento” que se da en la infancia.
El profesor de la Universidad del País Vasco, Enrique Arranz Freijo, realizó una investigación acerca de los vínculos en el seno familiar y cómo estos pueden construir un individuo con valores a medida que crece. El estudio que se titula: La interacción entre hermanos y el desarrollo psicológico: una propuesta educativa, hace hincapié en que el hogar funciona como una “escuela” única para el desarrollo tanto cognitivo como socioemocional.
En el artículo se menciona que el experto no sugiere una sobrecarga en el cuidado del hermano mayor hacia el menor. No se aboga por una “parentalización” del mayor (convertirlo en un cuidador sustituto de los padres), sino por una participación regulada y guiada. Así es donde se permite una adaptación y apropiación de habilidades más justas.
¿Cómo incide este cuidado en el desarrollo social?
El artículo menciona que situaciones como los celos o el propio cuidado del menor “facilitan la toma de conciencia por parte del niño/a de los estados emocionales, deseos y necesidades de otras personas”. Al verse obligado a interpretar lo que el hermano más chico necesita o siente, el hermano mayor acelera su capacidad de descentración cognitiva (comprender el punto de vista del otro), lo cual es la base de la empatía.
Así, el hermano mayor es visto como “base de seguridad”. Este rol protector y de guía refuerza sus habilidades de liderazgo, asertividad, responsabilidad y autoconfianza social. El experto también resalta la importancia de “facilitar el intercambio de afecto y de apoyo mutuo”. Cuando al hermano mayor se le permite cuidar de forma equilibrada, aprende conductas prosociales (ayudar, compartir, consolar) que luego traslada a sus relaciones con iguales (compañeros de escuela, amigos).
Por último, Arranz Freijo señala que, al compartir espacios y responsabilidades de cuidado, surgen fricciones de manera natural. Estas relaciones son una “excelente escuela para aprender a resolver conflictos de manera positiva”. Si los padres guían en lugar de reprimir, los niños desarrollan estrategias de negociación social avanzadas.
