Miles de personas salieron a las calles de Culiacán, Guamúchil y Mocorito para exigir la liberación de Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán y rechazar su extradición a Estados Unidos, cuatro días después de su captura.
En febrero de 2014, miles de sinaloenses se movilizaron en distintas localidades de Sinaloa para pedir la liberación de Joaquín “El Chapo” Guzmán y oponerse a su extradición a Estados Unidos. La manifestación ocurrió apenas cuatro días después de que la Marina Armada de México detuviera al capo en un departamento de Mazatlán.
“Queremos un juicio justo”, “No a la extradición” y “Libérenlo” fueron algunas de las consignas que se escucharon en el centro de Culiacán, donde cerca de dos mil personas vestidas de blanco marcharon acompañadas de bandas de música de tambora. Fue la primera manifestación abierta a favor de un narcotraficante en México.
La convocatoria se difundió mediante volantes, mensajes de WhatsApp y carteles colocados en municipios como Mocorito, que decían: “Hoy vístete de blanco en apoyo al chaparrito ‘El Chapo’ Guzmán”. En redes sociales se utilizaron los hashtags #YoSoyAK47 e #ILoveChapo.
El contingente partió desde las escalinatas del templo de La Lomita, en Culiacán, poco después de las 17:00 horas. Según crónicas locales, unas 1.200 personas participaron, incluyendo familias con niños que portaban carteles con leyendas como “Sinaloa es tuyo, Chapo”, “Joaquín Guzmán daba trabajo, no como ustedes políticos corruptos” y “No queremos otra guerra: liberen al CHAPO”.
Vehículos de lujo con música a todo volumen flanqueaban la marcha. Los organizadores repartieron camisetas blancas con el número 701, en referencia al puesto de Guzmán en la lista de Forbes de los hombres más ricos del mundo. También entregaron gorras, tamales y agua fresca. El entonces gobernador de Sinaloa, Mario López Valdés, reconoció que hubo personas que dijeron haber recibido dinero por participar, aunque no pudo confirmar quién organizó los pagos.
La marcha recorrió 15 cuadras por la avenida Obregón sin vigilancia policial visible. Frente al Ayuntamiento, el ambiente se volvió festivo con bandas musicales interpretando corridos alusivos al capo. Al llegar a la Catedral de Culiacán, los manifestantes bloquearon seis carriles, lo que generó enfrentamientos con la policía: hubo diez detenciones y un joven herido en la cabeza.
También se realizó una concentración frente a la capilla de Jesús Malverde, santo no reconocido por la Iglesia católica. En la comunidad de Jesús María, unas 50 personas marcharon con un cuadro de la Virgen de Guadalupe al frente.
Entre los asistentes, una ama de casa de 30 años explicó a la agencia AFP: “El Chapo da ayuda a empresas que apoyan a quienes más lo necesitan, da seguridad” y “evita que entren otros cárteles enemigos a Sinaloa”. Melissa Montenegro, promotora de la manifestación, señaló que el apoyo se debía a que Guzmán “ha realizado más que cualquier gobierno”. En Badiraguato, municipio natal del capo, una vecina dijo: “Nos sentíamos protegidos por él. Aquí no entraban criminales como Los Zetas. Aquí no se paga derecho de piso”.
La respuesta oficial fue de rechazo. El entonces procurador Jesús Murillo Karam declaró: “No puede ser que alguien que incluso presume haber matado y haber lesionado y haber afectado a tanta gente, pueda ser defendido de esa manera”. El coordinador del PRI en la Cámara de Diputados, Manlio Fabio Beltrones, calificó las marchas como “no saludables”. La Arquidiócesis de México habló de una “chaponización” del país.
Como contrapartida, el 1 de marzo de 2014 se realizó en Culiacán una marcha por la dignidad de Sinaloa, con mensajes como “Cultura jurídica y legalidad para Sinaloa” y “Sinaloa por la paz”. La convocatoria fue menor en número que las marchas a favor del capo.
Doce años después, El Chapo sigue enviando cartas desde prisión para volver a México. Las marchas de 2014 ocurrieron mientras estaba recluido en el penal del Altiplano. En 2016 se fugó por un túnel y fue recapturado en Los Mochis. En 2017 fue extraditado a Estados Unidos, donde en 2019 fue condenado a cadena perpetua más 30 años. Cumple su condena en la prisión ADX Florence, en Colorado, en régimen de aislamiento casi total.
Desde prisión, ha enviado al menos 16 cartas a la Corte de Nueva York solicitando su extradición a México y la revisión de su sentencia. Todas fueron rechazadas. En una carta de abril de 2026, responsabilizó al gobierno mexicano de los crímenes por los que fue juzgado y sostuvo que no causó daño a nadie. En otra, escribió: “Me culparon por cosas que no hice, todo por quién soy”. En su misiva más reciente, de mayo de 2026, volvió a pedir la activación de una cláusula de extradición.
