Tras un abril con acumulados de más de 300 mm en el centro oeste de Buenos Aires y el norte del país, el sector agropecuario mira con cautela el semestre frío. Sin embargo, los especialistas aseguran que las proyecciones actuales no anticipan un fenómeno extremo.
Los grandes montos de lluvias de las últimas semanas de marzo y, sobre todo, los acumulados que consolidó abril generaron preocupación en el campo. El centro oeste de Buenos Aires y el norte del país fueron las áreas más afectadas, con registros que llegaron a superar los 300 mm en el mes. El recuerdo del semestre frío de 2025, cuando las lluvias muy por encima de lo normal provocaron inundaciones en la provincia de Buenos Aires, sigue presente. A eso se suman los rumores de un “Niño” desmedido y sin precedentes en tres décadas, lo que parece justificar el temor.
Sin embargo, al revisar los datos disponibles y compararlos con las series estadísticas, los rumores y las expectativas catastróficas para el semestre frío de 2026 no tienen fundamentos concretos. Para confirmarlo, hay que analizar variables clave como el reciente cambio de circulación tras las lluvias de abril, el comportamiento proyectado del Atlántico —protagonista de las fuertes lluvias de 2025—, el comportamiento del Pacífico Ecuatorial y la proyección del “Niño”.
Alfredo Elorriaga, consultor de GEA/BCR, brindó un panorama alentador: “Hay buenas noticias para el sector del agro con una proyección de lluvias normales para el semestre frío”. Y agregó: “Niño sí, súper Niño, por ahora, no”. Según el especialista, hay buenas perspectivas de lluvias a partir de la primavera para la definición del trigo y el ciclo de la siembra gruesa en Argentina.
—Alfredo, sé que no estás de acuerdo con que ya se estén refiriendo a las proyecciones del próximo “Niño” como “súper Niño”, “Meganiño” o “Niño Godzilla”.
—Las proyecciones con los últimos datos de la NOAA muestran una tendencia decidida hacia un “Niño”. Si bien hablamos de probabilidades, es difícil que pueda haber un cambio tan significativo como para pasar a un escenario de “Niña” o neutralidad. Sin embargo, al día de hoy, no se puede tener certeza acerca de la intensidad que tendrá.
—¿Qué tendría que pasar para que se confirme un “Niño” de alta intensidad?
—Para hablar de un “Niño” fuerte o muy fuerte hay que observar valores por encima de 2,5 °C de anomalía durante dos o tres períodos seguidos. Por eso es importante seguir la evolución y ver los valores de julio y agosto. Los últimos datos de los modelos que seguimos muestran una proyección de anomalía de la superficie del océano Pacífico de 2,3 °C para diciembre de 2026. En la evolución de los últimos cuatro meses, se observa una pendiente más abrupta con mayores valores proyectados al 20 de abril. Aun así, estos valores todavía pueden cambiar, por lo que no es correcto asegurar que ya se está ante un “Niño” de intensidad muy fuerte.
—En cuanto a comentarios de que este podría ser un Niño extremo, algo fuera de lo común, ¿podría darse algo así?
—A mí no me gusta responder con especulaciones, sino con datos y registros. Si mirás el gráfico, salta a la vista que hubo cuatro eventos similares, incluso con mayores valores, en los últimos 44 años. De hecho, en enero de 2016 el valor observado fue de 2,6 °C.
—Estaba mirando cómo fueron las campañas recientes con esos valores. En la 2023/24, a pesar de estar con un “Niño” de intensidad moderada, a partir del 17 de enero de 2024 hubo casi un mes de falta de agua que dio vuelta el escenario en un momento muy sensible para la soja de primera. Fue un año en el que faltó agua en la profundidad de los suelos después de tres “Niñas” seguidas. Entonces, ¿podemos ilusionarnos de que ante un escenario “Niño” moderado o fuerte tengamos más posibilidades de escapar en el verano a la presencia de un centro de alta presión que bloquee las lluvias?
—En ese ciclo 2023/24 se expresó que el “Niño” es una condición necesaria, pero no suficiente para que Argentina reciba más agua. El efecto de ese bloqueo fue mucho mayor en los cultivos porque no contaban con reservas subterráneas. En este momento, de cara al ciclo 2026/27, partimos de una recuperación en las reservas de agua en suelo, un régimen pluviométrico que hemos seguido semana a semana durante 2025. Con los recientes aportes de marzo y, sobre todo, de abril, podemos asegurar que Argentina arranca el otoño con recargas de napas y perfiles. Pero aún con un “Niño” moderado o fuerte, eso no le da a Argentina un salvoconducto que lo libere de esos fenómenos de bloqueo, como pasó ese año. El clima es un sistema complejo; están los fenómenos de gran escala y luego los de pequeña escala, como los sistemas de alta y baja presión que determinan las circulaciones y que no son pronosticables a largo plazo.
