Más del 35% de los smartphones vendidos en el primer trimestre de 2026 ingresaron por canales no oficiales, según consultoras privadas. El fenómeno crece impulsado por una brecha de precios que supera el 30% y preocupa a la cadena formal del sector.
El mercado informal o «gris» de celulares dejó de ser un fenómeno marginal para convertirse en un actor central en la Argentina. Según datos de consultoras privadas, más del 35% de los smartphones vendidos en el primer trimestre de 2026 ingresaron por canales no oficiales, una proporción que no deja de crecer y que ya preocupa a toda la cadena formal del sector.
El avance es significativo si se lo compara con 2023, cuando este circuito representaba cerca del 25% de las ventas. En apenas dos años, el mercado paralelo ganó más de 10 puntos de participación y se consolidó como una alternativa cada vez más elegida por los consumidores.
El fenómeno se profundizó a partir de la apertura parcial de importaciones dispuesta hacia fines de 2024, combinada con una persistente brecha de precios entre el mercado local y el internacional que supera el 40% en algunos casos. Ese diferencial explica gran parte del atractivo del circuito informal.
Según fuentes del sector, los dispositivos vendidos por canales no oficiales son, en promedio, un 30% más baratos que en tiendas autorizadas. En marzo, por ejemplo, un smartphone premium que en el canal formal costaba alrededor de u$s1.400 podía conseguirse en el mercado paralelo por cerca de u$s1.100.
El circuito gris incluye distintas modalidades: equipos traídos por viajeros, compras en plataformas internacionales con subfacturación y redes de distribución locales que operan sin garantías oficiales. A eso se suma una logística cada vez más aceitada, que permite reducir tiempos de entrega y mejorar la experiencia del usuario.
El crecimiento del mercado informal se da en paralelo a un contexto adverso para el consumo. De acuerdo con el INDEC, el consumo masivo retrocedió 8,6% interanual en febrero, lo que impacta directamente en bienes durables como los celulares. En ese escenario, las ventas totales del sector también muestran señales de debilidad.
Según la consultora GfK, en abril se registró una caída interanual del 12% en la comercialización de smartphones, aunque el segmento informal continuó expandiéndose en volumen. El impacto sobre las marcas es directo: durante el primer trimestre, los fabricantes y canales oficiales perdieron más de 10 puntos de participación en ventas frente al avance del circuito paralelo.
Esto encendió alarmas en toda la industria. En abril, empresas del sector elevaron reclamos ante la Secretaría de Comercio por la pérdida de competitividad y la falta de controles efectivos sobre los canales informales.
Más allá del impacto comercial, el crecimiento del mercado gris también tiene consecuencias fiscales relevantes. Cada dispositivo que ingresa por fuera del circuito formal evita el pago de aranceles, IVA e impuestos internos, que en conjunto pueden representar hasta el 50% del precio final. Según estimaciones de la Cámara de Importadores, el Estado dejó de recaudar cerca de u$s300 millones en 2025 por este fenómeno. Si la tendencia actual se mantiene, esa cifra podría superar los u$s450 millones en 2026.
Parte del problema radica en los controles aduaneros. Fuentes privadas estiman que cerca del 20% de los envíos de pequeños paquetes no fueron fiscalizados durante el primer trimestre, lo que facilitó el crecimiento de este canal. A su vez, la combinación de mayor flexibilidad cambiaria y el auge de plataformas digitales permitió que más consumidores accedan directamente a compras en el exterior, muchas veces mediante mecanismos de triangulación.
Frente a este escenario, las marcas y retailers comenzaron a ajustar sus estrategias comerciales. Durante marzo y abril lanzaron promociones agresivas, descuentos y planes de financiación para intentar recuperar volumen. Sin embargo, en el sector reconocen que estas medidas resultan insuficientes frente a una brecha de precios tan marcada.
La diferencia de hasta 30% sigue siendo un incentivo difícil de contrarrestar para los consumidores, especialmente en un contexto de ingresos deteriorados. El avance del mercado gris no solo pone en jaque la rentabilidad de las empresas, sino que también obliga a repensar el modelo de negocios del sector tecnológico en la Argentina. Con precios más altos en el canal formal y controles débiles, el desafío será encontrar un equilibrio que permita competir sin perder terreno frente a un circuito que, al menos por ahora, no deja de crecer.
