El expresidente estadounidense Donald Trump generó nuevamente polémica internacional al realizar un comentario sobre el ataque a Pearl Harbor durante un encuentro con la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi. La broma, considerada fuera de lugar en el ámbito diplomático, se suma a una larga lista de episodios que analistas y ciudadanos observan con creciente atención.
Un patrón de conducta bajo la lupa
En las últimas semanas, Trump ha protagonizado una serie de situaciones que alimentan la discusión. Desde celebrar públicamente la muerte del fiscal Robert Mueller hasta publicar mensajes crípticos en sus redes sociales replicando noticias antiguas. Previamente, había enviado una carta al primer ministro de Noruega quejándose por no recibir el Premio Nobel, un galardón fuera de la capacidad de otorgar del funcionario.
Para una parte de su base electoral y allegados, estas acciones son la prueba de un estilo político disruptivo y cercano, alejado de las convenciones tradicionales. Argumentan que esta personalidad impredecible es precisamente lo que forjó un movimiento político sin precedentes en la historia reciente de Estados Unidos.
La mirada de los expertos y la opinión pública
Sin embargo, desde el campo de la psicología, la interpretación es radicalmente diferente. John Gartner, psicólogo de la Universidad Johns Hopkins, lleva años alertando sobre lo que él define como «trastornos mentales» en la figura de Trump. En una reciente videoconferencia, lo diagnosticó como un «narcisista maligno», un cuadro que, según explica, fue descrito por Erich Fromm y aplicado a figuras como Adolf Hitler.
Los componentes del diagnóstico
Gartner desglosa este diagnóstico en varios componentes: narcisismo extremo, rasgos psicopáticos (como mentir y carecer de remordimiento), paranoia, grandiosidad y sadismo. Además, añade que Trump presenta características hipomaníacas, lo que explicaría su alta energía, su arrogancia y su impulsividad. El especialista también afirma observar un «deterioro» en su capacidad discursiva comparada con décadas anteriores.
Estas afirmaciones no están exentas de controversia. Gartner y la organización «Duty to Warn» (Deber de Alertar), que fundó y que reunió a miles de profesionales, han sido criticados por violar la llamada «Regla Goldwater». Esta norma ética, establecida tras un caso similar en los años 60, desaconseja diagnosticar a una persona sin haberla examinado personalmente.
Lo que piensan los estadounidenses
Más allá del debate académico, la percepción ciudadana muestra señales de cambio. Una encuesta de Reuters-Ipsos realizada a fines de febrero reveló que el 61% de los estadounidenses cree que Trump se ha vuelto «errático con la edad», una opinión que comparte incluso un 30% de los votantes republicanos. Además, el porcentaje de quienes lo consideran «mentalmente lúcido y capaz de afrontar desafíos» cayó del 54% en septiembre de 2023 al 45% actual.
El debate, que trasciende lo clínico para adentrarse en lo político y social, parece lejos de concluir. Mientras algunos ven la esencia de un liderazgo rupturista, otros observan con preocupación un patrón de conducta que consideran peligroso, dejando a la sociedad estadounidense dividida en la interpretación de las palabras y acciones de una de sus figuras más polarizantes.
