Paolo Menghini y el duelo tras Once: «Aprender a vivir con el dolor es un trabajo que no termina»

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Paolo Menghini durante una entrevista

El padre de Lucas Menghini Rey reflexiona sobre la pérdida, la reconstrucción personal y el papel de la memoria en la segunda temporada del podcast Duelos, donde sostiene que quien se fue nos quiere ver de pie.

A más de una década de la tragedia de Once, Paolo Menghini, padre de Lucas Menghini Rey, se sienta frente a Astrid Pikielny en el podcast Duelos para reflexionar sobre el peso de las ausencias y la constante reinvención de la vida. Para Menghini, perder a un hijo no representa una simple anécdota, sino un sismo que redefine la existencia misma. «Haber perdido a un hijo es un sismo; hace que te obligues a revisar todo lo que hiciste para ver cómo avanzar», señala. Antes de febrero de 2012, su vida transcurría con normalidad entre su trabajo en la televisión pública, la música y sus vínculos familiares, pero aquel suceso transformó radicalmente su identidad.

Al recordar el impacto del dolor, Menghini explica que la exposición pública derivada de la búsqueda de justicia funcionó como un motor, aunque subraya que el verdadero sostén radicó en su círculo íntimo. «En ese momento, yo me apoyo en cuatro mujeres de distintas edades: mi mamá, mi hija, Carolina y Paz», detalla. Esta red de contención fue vital para atravesar los años más crudos de la lucha judicial. Sobre la convivencia con el duelo, el entrevistado aclara que no existen recetas ni protocolos: «El duelo es un enfrentamiento mano a mano con dos criminales a sangre fría: la tristeza y el dolor, que no son lo mismo».

El paso del tiempo no ha significado una cura definitiva, sino una manera diferente de habitar la ausencia. Ante la consulta sobre cómo mantiene presente a Lucas, Menghini destaca la importancia de resignificar los vínculos, encontrando consuelo en la música que ahora comparte con su nieta Paz. «La tristeza de haberlo perdido no te debe hacer olvidar la alegría de haberlo tenido», recuerda como una enseñanza fundamental que recibió de otros padres en circunstancias similares. Esta perspectiva le permite abordar su cotidianeidad sin que la tragedia oscurezca el presente.

Consultado sobre la persistencia de la lucha por la verdad, Menghini enfatiza que el compromiso no ha claudicado, aunque ahora se integra con una vida que busca retomar las pequeñas trivialidades. Para él, es imperativo no ser absorbido por la desazón. «Nunca te olvides que la lucha que se pierde es la lucha que se abandona», advierte, resaltando la importancia de la resiliencia en la vida diaria. En el cierre de su reflexión, Paolo Menghini envía un mensaje de esperanza para quienes atraviesan pérdidas irreparables, insistiendo en que, aunque el proceso sea inabarcable y cotidiano, la resiliencia es un homenaje necesario: «Siempre hay que pensar eso, que quien se fue nos quiere ver de pie».