Recesión en Argentina: energía y Aluar crecen mientras el consumo se derrumba y la morosidad empresaria se quintuplica

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Gráfico de barras mostrando la caída de ventas en sectores de consumo y el crecimiento en energía durante la recesión en Argentina

Un informe del Banco Provincia revela una asimetría sectorial: mientras Petróleo y gas crece 24,3% interanual, Alimentos y bebidas, Consumo y Materiales y construcción caen más del 25% en 30 meses. La morosidad a 90 días trepó al 3,5% en julio de 2026, multiplicándose por cinco desde enero de 2025.

Con la caída de la actividad en julio, Argentina está a las puertas de, una vez más, una recesión técnica. Es un escenario que afecta ya de forma agresiva en los balances de las empresas más grandes, aunque con una marcada asimetría. Mientras las compañías líderes atadas al mercado interno arrastran caídas de ventas contundentes, las firmas vinculadas a la energía y a los commodities de exportación se expanden, aisladas del desplome de los ingresos domésticos. Para sobrevivir al retroceso del consumo, las empresas de sectores desfavorecidos aplicaron una receta ortodoxa: licuación de la masa salarial y reducción de empleos formales para salvaguardar sus niveles históricos de rentabilidad. Pero también, entre los ganadores, hay ajuste para sostenerse.

Según un informe elaborado por la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia, las grandes empresas de las ramas perdedoras enfrentan un escenario sustancialmente peor que en 2023. Sectores industriales y comerciales clave como Alimentos y bebidas, Consumo y otros, y Materiales y construcción registraron un derrumbe en sus ventas superior al 25% en los últimos 30 meses.

En la otra punta del tablero sectorial, Petróleo y gas acumula un crecimiento interanual del 24,3%. Este salto encuentra su explicación en variables exógenas y de oferta, centralmente la maduración del polo de Vaca Muerta y el alza de los precios internacionales de la energía. En el mismo sentido expansivo operó el segmento de Energía regulada, impulsado por el nuevo esquema tarifario, logrando avanzar un 8,3% en el mismo período.

La brecha tiene nombres de peso en el panel líder. En el frente contractivo, gigantes corporativos como Arcor, Mastellone, Molinos Río de la Plata, Ferrum, Loma Negra, Havanna y Grimoldi arrastran las secuelas de la compresión del poder adquisitivo en términos reales. Paralelamente, corporaciones como YPF, Vista, Pampa Energía, Edenor y Edesur consiguieron engrosar su facturación a contramano del ciclo local.

La única excepción relevante en los sectores industriales vinculados al mercado interno es Aluar. Esta firma logró empujar el índice de ventas de Materiales y construcción hacia un rebote interanual del 8% durante el segundo trimestre de 2026. Sin embargo, la mejora técnica se explica sólo por la evolución favorable de los precios internacionales de los commodities; descontando este factor, el resto de las empresas del rubro de la construcción continúa en retroceso y exhibe un nivel de ventas 15,4% por debajo de los registros de 2024.

Masa salarial como variable de ajuste

Ante el derrumbe de las ventas, el sostenimiento de los márgenes EBITDA operó a través de un torniquete sobre la estructura de costos laborales. Entre 2023 y la primera mitad de 2026, la masa salarial declarada —la suma total de remuneraciones, beneficios y cargas sociales— se contrajo un 16,7% en términos reales para el segmento de grandes empresas.

Esta dinámica combinó licuación del salario real con achique de plantillas. «La heterogeneidad entre sectores, y en consecuencia entre empresas, se viene profundizando en los últimos meses largos», diagnosticó el documento del Banco Provincia. El texto de la entidad prevé en el panorama de corto plazo: «Hacia adelante, si no hay cambios en la política económica, la evolución contrapuesta se agudizará en lugar de matizarse».

Incluso los sectores ganadores ajustaron. Pese a reportar márgenes promedio de ganancia del 35%, el área de Petróleo y gas registró una inédita caída del 22,7% en su masa salarial. La justificación reside en la migración operativa de pozos convencionales hacia la matriz de los no convencionales, mucho menos intensivos en la demanda de fuerza de trabajo. De hecho, los puestos formales de este bloque cayeron un 11% en la ventana temporal analizada.

El salto de la morosidad y el riesgo bancario

La estrategia corporativa de recortar sueldos y personal, sin embargo, no fue suficiente para frenar la onda expansiva de la recesión sobre la cadena de pagos. El estrés financiero comenzó a golpear directo en las carteras bancarias, afectando la recaudación y la viabilidad del capital de trabajo.

Un informe sectorial publicado por IES Consultores precisó que la morosidad sistémica a 90 días trepó al 3,5% en julio de 2026, multiplicándose por cinco frente al mínimo del 0,7% registrado en enero de 2025. Actualmente, se contabilizan 41.197 CUITs corporativos (el 14,5% del total del padrón de deudores) con al menos una obligación en situación irregular, lo que implica un fuerte salto interanual del 57,4%.

El sector de Consumo masivo concentra hoy el 29% del total del capital en mora del sistema crediticio, y su índice de irregularidad trepó aceleradamente un 6,7%, es decir, se multiplicó por doce desde octubre de 2024. En esa misma línea, el eslabón de Alimentos y bebidas explica otro 12,6% de la deuda corporativa defaulteada.

El escenario toma velocidad: el 84% de la deuda en mora relevada a julio de este año pertenece a empresas que hace exactamente doce meses exhibían una calificación crediticia completamente normal. Las estimaciones indican que, por cada firma que logró estabilizar su hoja de balance y salir del rojo bancario, 6,8 empresas cayeron en desgracia. Las estructuras comerciales más golpeadas son Textil e indumentaria (mora del 15,8%) y Papel y edición (mora del 14,6%).

Esta ruptura de la cadena comercial no es gratuita para las finanzas públicas ni para las arcas provinciales. En el mapeo geográfico, 15 jurisdicciones registraron incrementos en su tasa de morosidad empresaria superiores a la media nacional, con impactos particularmente agresivos en las provincias del norte y la región litoral.

A nivel institucional, el mayor daño recae sobre la banca oficial. Los bancos públicos son hoy las entidades con mayor nivel de exposición al deterioro macroeconómico, concentrando el 42,3% del volumen total de la deuda corporativa en situación irregular. Este segmento soporta una morosidad clientelar del 5%, apenas superado por las financieras no bancarias y el ecosistema fintech, cuyo riesgo en mora ya alcanza un alarmante 17,6% del total de sus colocaciones.

EM / LM