Diego Sehinkman: «Kicillof es el primero en querer hacer kirchnerismo sin control de Cristina y ella siente que le roba la marca»

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Diego Sehinkman en entrevista con Jorge Fontevecchia en Modo Fontevecchia

El periodista y psicólogo clínico analizó el escenario político argentino en diálogo con Jorge Fontevecchia en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190). Se refirió a los rasgos de personalidad de Javier Milei, la interna del peronismo y la relación entre Axel Kicillof y Cristina Kirchner.

Diego Sehinkman, periodista y psicólogo clínico, analizó el escenario político argentino desde una perspectiva que combina la lectura de los comportamientos personales con las estrategias de poder. En diálogo con Jorge Fontevecchia en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), reflexionó sobre los rasgos de personalidad de los principales dirigentes y sobre cómo las características que pueden resultar exitosas en un determinado momento político también pueden convertirse en un límite frente a nuevas demandas sociales.

A partir de esa mirada, Sehinkman abordó el presente de Javier Milei, el vínculo entre sus rasgos personales y la evolución de su estrategia política, y las posibilidades de que la realidad modifique sus decisiones. También analizó la interna del peronismo y puso el foco en Axel Kicillof, a quien definió como el primer dirigente que busca continuar el kirchnerismo sin quedar bajo el control de Cristina Kirchner, en una disputa que, según planteó, excede las diferencias políticas y adquiere una dimensión personal y familiar.

Diego Sehinkman es periodista y psicólogo clínico graduado en la Universidad de Buenos Aires; es autor del libro Políticos al diván, una obra que recopila entrevistas a figuras clave de la política y la economía de Argentina, uniendo la política y la psicología. Actualmente conduce el programa político del prime time diario Solo una vuelta más por la señal Todo Noticias y también conduce el ciclo After Office por FM NOW 97.9.

Jorge Fontevecchia: Diego, muchas gracias por tenerte acá, por estar del otro lado del que habitualmente estás conduciendo y ser hoy entrevistado. Un placer hacerlo con vos y, fundamentalmente, por un tema que nos parece crucial desde mi perspectiva. Yo me acuerdo de que Alfonsín siempre me decía: «Hijo, ustedes usan mucho a Freud para la política». Y yo le decía: «Mire, doctor, los políticos son personas y las cosas que hacen no necesariamente tienen que ver con la ideología que tienen. El inconsciente existe y tener la capacidad de analizarlo desde el punto de vista psicológico ayuda a la comprensión de por qué todo esto es un problema y por qué no se toman decisiones que muchas veces son atribuidas a situaciones del orden lógico y son ilógicas». Aquello que decía Freud de que el psicoanálisis era el arte de explicar racionalmente lo irracional; hay componentes irracionales todos los días que todos tenemos y, por tanto, los políticos no son la excepción. Así que vos tenés las credenciales dobles para poder analizarlo. Vos sostenías, en el caso del presidente, incluso una falta de control emocional, una intolerancia a la crítica que resultaba riesgosa. ¿Cuánto tu formación te permite hacer análisis, por ejemplo, en el caso del presidente o de otros dirigentes a los que ves cierta patología que de alguna manera anula su razón?

Diego Sehinkman: En principio, Jorge, lo que te diría es que la estrategia política propone y la personalidad dispone. Es decir, la estrategia hace una ruta, una hoja de ruta, y después están los límites del equipamiento psicológico con el que cada persona viene. Vos fijate que, además, los líderes suelen entornarse o rodearse de personas que tienen o comparten algún tipo de rasgo de personalidad afín. Cuando muere Néstor Kirchner, Cristina hace un restyling, cambia de funcionarios y se empieza a acercar a esos funcionarios que le refuerzan los rasgos que ella ya tenía y que estaban regulados, administrados o compensados con Néstor. Entonces, toda mirada más conspirativa empieza a crecer; todos los que alimentan la idea de que en cada terraza, cada sábana colgada es un fantasma, eso empieza a crecer y a acercársele. Del mismo modo, yo, sin hacer ningún tipo de diagnóstico —porque no me parece serio ni justo—, sí te diría que hay determinados rasgos de personalidad de Milei que son los que lo llevaron al triunfo, los que permitieron la audacia de la locura en su momento. Recuerdo siempre… digamos, no era Lacan, no era Freud, era un garajista que me dijo: «Ya probamos mucho tiempo con los cuerdos, es hora de probar con un loco». Es decir, hubo un momento de la sociedad argentina en donde había un balance que era: frente a lo previsible y conocido, en este contexto prefiero lo desconocido; me juego una ficha por la incerteza. Eso es lo que ocurrió con Milei. Es decir, había algo de su frontalidad y de su emocionalidad que resultaba atractivo, que era lo que rompía el statu quo de un discurso políticamente correcto que había llevado a la Argentina a la previa de una hiper, si vos confiás en lo que te dice Milei. Pero era muy malo ese contexto. La pregunta es: ¿qué pasa con esos mismos rasgos de personalidad en este que es otro momento del ciclo? En aquel momento había una emoción que retrataba a la sociedad argentina, que era hastío e ira. Milei se presentó con un instrumento, que es una motosierra. La motosierra era lo que iba a cortar en pedazos a la casta; la casta, en este juego de buenos y malos, era la culpable de la realidad en la que estábamos. Captura la emoción reinante en ese momento y ofrece una herramienta: frente a la ira, la motosierra. Eso lo lleva al triunfo y alimenta durante largos meses una hegemonía discursiva. ¿Qué empieza a pasar? Que la demanda inicial, que era terminar con la casta y bajar la inflación —esa demanda que era del contrato electoral— muta. La demanda es mutante en la sociedad y ahora hay otra, que es: «Devolveme poder adquisitivo». Entonces ya no es la ira, es frustración e impaciencia. Frente a la frustración y la impaciencia es: «¿Qué herramienta, Milei, tenés ahora distinta o complementaria a la motosierra que satisfaga mi demanda?». Y es la encrucijada de Milei: si aquellos rasgos que fueron exitosos para que llegue al poder son exitosos en este otro momento de esta otra demanda social…

Jorge Fontevecchia: Bueno, aquella… sigo citando a Lacan: «El deseo siempre desea otra cosa».

Diego Sehinkman: «Es metonímico» decía Lacan. Cuando vos lo capturás, se corre y va hacia otro lugar.

Jorge Fontevecchia: O Maslow, con la pirámide de las necesidades.

Diego Sehinkman: La pirámide de Abraham Maslow, exactamente.

Jorge Fontevecchia: Satisfechas unas más básicas, aparecen las otras. ¿Te ves con el garajista ese?

Diego Sehinkman: Ya no lo veo. Nos miramos, y yo lo miro y digo: «No sabés cuántas entrevistas te cité». Pero es que fue cuando aparece en la calle una frase de síntesis.

Jorge Fontevecchia: Y me pregunto: ¿tenía razón el garajista respecto de que ya probamos con cuerdos y ahora probamos con locos, o no se daban cuenta, pero también habíamos probado con locos? Quiero decir: Cristina, ¿es normal?

Diego Sehinkman: Yo, cuando digo loco, me refiero a la audacia, no a un término psicopatológico.

Jorge Fontevecchia: ¿Es audaz Cristina?

Diego Sehinkman: Lo fue, y después fue miedosa y conservadora, e hizo lo que no hizo Perón en los principios de los 50, que es —voy a usar la palabra maldita— el ajuste. Perón hizo un ajuste, se descapitalizó políticamente para invertirlo en un acomodamiento de la macro que después le redituara en un beneficio. Es decir, eso Cristina nunca se animó a hacerlo por X, Y o Z razones que hoy algunos que rodean a Cristina o que estuvieron cerca de ella reflexionan al respecto. Nunca quiso dar malas noticias Cristina, y en un momento, para gobernar, también hay que dar alguna mala noticia y decir, como el piloto de avión: «Ahora viene la turbulencia, la turbulencia va a durar este tiempo, está previsto que la pasen mal, es lo que necesitamos y luego el avión se va a estabilizar». Dicho de otro modo: la macroeconomía se va a estabilizar. Nunca lo quiso hacer Cristina y fundió el motor.

Jorge Fontevecchia: Muy interesante. ¿Alguien podría decir, al mismo tiempo que ese miedo… viste que la idea en el Talmud de que el dolor es una señal de que te corriste del camino para que vuelvas a él, que el síntoma es económico porque finalmente no tenerlo tendría más costo? Ella, como uno puede decir, tiene rasgos narcisistas —no sé si calificarlo de trastorno narcisista—, pero es consciente, tuvo miedo por ejemplo. A lo mejor no era la característica necesaria para un líder, pero sí de un ser humano sano en determinado momento.

Diego Sehinkman: Pero el miedo es un orientador: te sale bien o no. Te salva o te condena el miedo.

Jorge Fontevecchia: Pero el solo hecho de tener miedo denota una cierta adecuación con la realidad. En el caso de Milei, ¿creés que Milei tiene posibilidades de que la realidad modifique su pensamiento o, como esa frase: «Si la realidad no coincide con la idea, el problema es la realidad»?

Diego Sehinkman: Esa frase es hermosa, es literaria. Muchas veces es parte de lo que uno ve en los consultorios. Creo que comparte componentes de rigidez y ortodoxia Milei, y creo que también tiene una dosis de bilardismo. ¿Qué va a primar, el bilardismo? Es decir, algún giro heterodoxo que tenga en su caja de herramientas, o muere, como él suele decir —es su narrativa—: «Muero con las botas puestas, tengo que ir a casa, daré conferencias por el mundo, yo ya estoy hecho». Yo no creo que Milei no haga algún giro necesario si alguna encuesta posterior —por más que él diga que no cree en las encuestas— le indica que va hacia un lugar de no retorno.

Jorge Fontevecchia: O sea, no está todo visto.

Diego Sehinkman: Yo creo que no está todo visto. De todos modos, están presentando el presupuesto, ¿no?

Jorge Fontevecchia: Encuesta: cuáles son las principales preocupaciones de los votantes LLA y Fuerza Patria

Diego Sehinkman: Lo están presentando hoy.

Jorge Fontevecchia: La gran pregunta que tenemos es si con una Argentina creciendo, suponete… Vamos a ser optimistas: entre el 2 y el 3 %. Si un gobierno es competitivo para ser reelegido con un crecimiento del 2 o 3 %. A lo mejor es la primera vez en la historia que, por la falta de ideas de la oposición o por el vacío discursivo, un gobierno pueda ganar con un crecimiento que es magro, es módico, del 2 %. En general se gana con más. Es la singularidad de este momento que nos toca vivir.

Jorge Fontevecchia: Diego, hablemos de la oposición. Kicillof, ¿cómo lo definís, cómo lo percibís en este esquema de que el carácter es más importante que las ideas?

Diego Sehinkman: Estamos frente a un hecho único en la historia del kirchnerismo. Hay un señor que se llama Axel Kicillof que quiere llevarse la marca, la marca es la patente. Es decir, es el primer no Kirchner y es el primero que quiere hacer kirchnerismo sin estar sujeto al control de Cristina. Porque Scioli iba a hacer un giro moderado de la propuesta kirchnerista y Alberto Fernández, ni hablar. La novedad es que Kicillof dice: «Yo puedo tomar la antorcha del kirchnerismo, pero mi condición es que no quiero que me la maneje Cristina ni Máximo». Y Cristina dice: «¿Desde cuándo se vio esto, que un señor robe mi marca, se cruce de vereda y crea que él lo puede hacer sin mí?». Eso le resulta imperdonable, más allá de la rivalidad entre la condición de hijo biológico de Máximo y la condición de hijo político —ahora tildado de traidor— de Axel. Entonces ahí hay una cuestión ya personal, de familia, que es fuerte.

Jorge Fontevecchia: ¿Hay un contra Edipo ahí, suponiendo que Cristina sea como una especie de mujer fálica y cumpla el papel de madre y padre?

Diego Sehinkman: Por supuesto que hay ahí un rol que Cristina…

Jorge Fontevecchia: Emocional.

Diego Sehinkman: Sí, digamos. El falo es el dedo, es el dedo elector. «Todavía estoy vigente, ahora les va a explicar la ONU». Vamos a suponer que van a anunciar algo a las tres de la tarde en relación con alguna posibilidad de la ONU. Lo que Cristina dice: «La ONU me devuelve… la ONU me devuelve el dedo». Bueno, la lucha ya no es por el Sillón de Rivadavia, es por el dedo.

Jorge Fontevecchia: ¿Massa?

Diego Sehinkman: Ahí tenés otra pregunta. ¿Qué preferiría Cristina, la impureza y la desconfianza que le tiene a Massa, o a Axel Kicillof, que ya para ella es un traidor? Por que no claudica, por qué no va lo suficiente a San José 1111. Entonces, fijate en qué lugar está Cristina. ¿Y cómo es Massa? Bueno, Massa se sueña a sí mismo como la persona que puede tener otra oportunidad. Lo que pasa es que tendría una oportunidad por default, no es un candidato de primera elección. Es la última postal, la última imagen que tenemos del desarrollo de los casi 20 años de kirchnerismo en el país: es Sergio Massa. Yo recuerdo bien cuando en el microcine de Economía tomó el control de ese ministerio y anunció que no iba a entrar más gente al Estado, que iba a haber un giro racional, etcétera. Y a los pocos meses estaban tirando la casa por la ventana porque no les daban los números, y también porque Cristina tampoco se bancó que Guzmán haga ninguna suerte de ajuste, ni regulación, ni segmentación tarifaria. Y Cristina no sabe, no quiere, no puede ajustar; y entonces cualquiera que quiera hacer una macroeconomía ordenada va a tener un problema si Cristina es la que condiciona eso. Es decir, no está resuelto.

Jorge Fontevecchia: Te escucho y veo que el nivel de información que tenés es altísimo.

Diego Sehinkman: ¿Te parece?

Jorge Fontevecchia: Sí, yo estoy en esto todo el tiempo, así que me parece que soy un buen calificador. ¿Qué te cambió el ejercicio diario? ¿Qué cambió? Que es realmente muy demandante. ¿Llevás cuántos años ya, ocho? Conduciendo todas las noches.

Diego Sehinkman: Y conduciendo esto creo que empezó en el 17, en la primera, en La Nación +. Aquella primera etapa de La Nación + creo que fue en el 17.

Jorge Fontevecchia: ¿Qué te cambió? ¿Qué le cambió la cabeza al psicólogo? ¿Qué cambió estar todo el día conectado con todas las informaciones, saber todo?

Diego Sehinkman: Bueno, vos pensás que es el sueño del obsesivo. El obsesivo… digamos, tiene la pulsión de saber. Es una trampa también muy desarrollada, y el periodismo también es eso, es como: «Quiero y puedo saber de todo». Era fascinante, puedo saber un poco de internacional, un poquito de nacional.

Jorge Fontevecchia: O sea, es egosintónico finalmente.

Diego Sehinkman: Es egosintónico. Si uno conoce los límites y no se toma tan en serio que uno sabe todo, y uno sabe que en realidad la profundidad a lo mejor…

Jorge Fontevecchia: Es inversamente proporcional.

Diego Sehinkman: Es inversamente proporcional a lo ancho y a lo largo. Pero nada, qué sé yo, hay un placer en el acto del análisis. Después uno puede estar más certero o menos certero, pero cuando vos tenés los elementos distribuidos sobre la mesa e intentás anudarlos o darles sentido y conectarlos, eso en sí es sumamente placentero.

Jorge Fontevecchia: Felicitaciones, Diego.

Diego Sehinkman: Gracias. Para mí es un honor charlar con vos.

Jorge Fontevecchia: Para mí un gusto enorme y también un honor. Muchísimas gracias.

Diego Sehinkman: Gracias, Jorge.

LMM