El texto aborda la visita del papa León XIV a Argentina y la encíclica papal sobre inteligencia artificial, desde una perspectiva psicoanalítica. Se citan declaraciones del papa y se plantea un debate sobre el uso de la tecnología y sus efectos en los vínculos sociales.
Un artículo firmado por un psicoanalista y doctor en Psicología por la Universidad de Buenos Aires analiza la visita del papa León XIV a la Argentina y su encíclica sobre inteligencia artificial. El texto sostiene que la visita preocupa al gobierno libertario, aunque no se especifican los motivos.
El autor señala que las ultraderechas implementan una gesta degradante del lazo social para imponer su dominio, lo que requiere la hegemonía de la IA como único intérprete de la humanidad. En términos psicoanalíticos, esto remite al poder discrecional del oyente. Se pregunta en qué momento la IA deja de ser una herramienta para convertir al usuario en instrumento de la empresa hipnótica neoliberal.
Según el texto, la encíclica papal contribuye a desmenuzar la ideología inherente al cálculo probabilístico que alimenta a los algoritmos, advirtiendo sobre los afectos generados por la interlocución que la máquina propone. La contienda se compromete cuando el usuario desconoce los móviles políticos e ideológicos de la hegemonía algorítmica, es decir, cuando la ilusión de transparencia le impide reconocer su implicación en la lógica que organiza su captura.
El autor cita una afirmación de Chat GPT según la cual la IA puede ayudar a personas solas. El chatbot enumera casos: personas aisladas por discapacidad, migración, ruralidad, disidencia sexual o duelo, para quienes los entornos digitales permiten hablar, escribir, crear comunidad y encontrar interlocución. Menciona ejemplos como adolescentes LGBT en pueblos conservadores, personas neurodivergentes y pacientes que pueden simbolizar algo escribiendo online que no logran decir cara a cara. Luego plantea: «Winnicott probablemente preguntaría: ¿qué uso transicional hace el sujeto del objeto técnico?».
El artículo sostiene que la sustitución del vínculo conflictivo con otros por un circuito de satisfacción adaptativa y personalizada propicia, en la gran mayoría de los casos, el encierro, el individualismo y el rechazo al semejante. Incluso en personas con capacidad simbólica para advertir la instilación ideológica del algoritmo. Se pregunta qué tan posible es eludir la estandarización de los mecanismos de validación en una comunidad donde el poder discrecional del oyente está cooptado por entornos digitales diseñados para maximizar permanencia, dependencia e interacción personalizada.
El autor afirma que la dificultad para apreciar el objeto transicional de Winnicott por parte de Chat GPT abona su enfoque. Define el objeto transicional como el espacio privilegiado donde respira el sujeto, el fuelle para la imaginación y la fantasía, un vacío que la permanente respuesta a la demanda por parte de la máquina termina por saturar a expensas de la velada obediencia del sujeto.
Finalmente, cita al papa León XIV: «La imitación artificial de la relación de cuidado o de acompañamiento puede ser peligrosa cuando se introduce en un contexto pobre de relaciones y de afectos reales; entonces el riesgo no es tanto que una persona crea que está hablando con otra persona, sino que pierda el deseo mismo de buscar realmente al otro». El artículo cierra con la pregunta: «¿Será que nadie se salva solo?».

