El director ejecutivo de Desarrollo en Argencon, Leandro Mora Alfonsín, analizó en +Perfil los factores que determinan la inversión de las pymes argentinas, la relación histórica con los bancos y los desafíos del sector de servicios basados en conocimiento.
El acceso al financiamiento continúa siendo uno de los principales desafíos para las pequeñas y medianas empresas argentinas, aunque la disponibilidad de crédito no garantiza por sí misma nuevas inversiones. En +Perfil, el nuevo canal de Editorial Perfil, Leandro Mora Alfonsín, director ejecutivo de Desarrollo en Argencon, sostuvo que las empresas toman esas decisiones fundamentalmente cuando encuentran perspectivas de rentabilidad y ventas.
“El crédito es un instrumento, ninguna pyme invierte por la existencia de crédito, la pyme invierte si tiene rentabilidad, si hay nicho de rentabilidad, si hay probabilidad de venta”, explicó. Según señaló, históricamente una parte importante de las pymes industriales financia sus inversiones con recursos propios y mantiene una baja utilización del sistema financiero.
La distancia histórica entre bancos y pymes
Mora Alfonsín consideró que Argentina arrastra desde hace décadas una relación débil entre las entidades financieras y las pequeñas empresas. “Argentina viene de muchas décadas en donde un banco no sabe lo que es una Pyme, y una Pyme no sabe lo que es un banco”, afirmó.
El desafío consiste, según explicó, en generar mecanismos que permitan a los bancos evaluar mejor el riesgo y a las empresas tomar deuda sin quedar excesivamente expuestas a los cambios económicos. La construcción de esa confianza requiere tiempo y no puede resolverse únicamente con una línea crediticia puntual.
La economía del conocimiento necesita otra estructura
El especialista marcó una diferencia entre las necesidades de inversión de una industria tradicional y las de los servicios basados en conocimiento. Mientras una fábrica requiere maquinaria, instalaciones y grandes desembolsos iniciales, en este sector el principal componente de la inversión está relacionado con el capital humano.
“En talento, el 90% es gasto de salario, o más del 90% de gasto de salario”, explicó. Como ejemplo, mencionó un centro de servicios extranjero que se instaló en Argentina, contrató a 150 ingenieros tecnológicos y realizó una inversión de 55 millones de dólares para exportar servicios.
El trabajo remoto también modificó la relación tradicional entre producción y espacio físico. Los equipos pueden estar distribuidos entre distintos países y generar exportaciones sin requerir grandes plantas industriales, lo que reduce determinadas barreras de entrada pero aumenta la competencia global por el talento.
Costos laborales entre las principales preocupaciones
Mora Alfonsín señaló que una encuesta realizada por Argencon ubicó las cuestiones laborales entre las principales preocupaciones empresarias. “El costo laboral, o sea, la competitividad en sí es a tope de las preocupaciones siempre en la lógica empresaria”, sostuvo.
Según sus datos, Argentina exporta alrededor de 10.000 millones de dólares en servicios basados en conocimiento y mantiene un superávit sectorial superior a los 3.000 millones. Además, destacó que se trata de uno de los principales complejos exportadores del país.
Colombia y una competencia cada vez mayor
El crecimiento del sector enfrenta, sin embargo, competidores regionales que avanzaron rápidamente en formación profesional y dominio del inglés. “El mundo es mucho más competitivo. La principal competencia de Argentina en servicios basados en el conocimiento, por ejemplo, es Colombia”, explicó Mora Alfonsín.
Argentina conserva ventajas importantes vinculadas con su capital humano, pero el especialista advirtió que deberá mejorar sus condiciones para sostenerlas. Tipo de cambio, costos laborales, legislación, acceso al crédito y capacidad para atraer y retener talento serán determinantes para ampliar la participación argentina en un mercado global cada vez más disputado.

