Especialistas en psicología explican que la reacción de llanto en niñas y niños al entrar a la escuela es esperable y ofrecen recomendaciones para que madres, padres y cuidadores puedan acompañar el proceso.
El ingreso a la escuela puede generar escenas de llanto en niñas y niños, una situación que se repite cada ciclo escolar. La ansiedad que experimentan al separarse de su principal figura de apego se intensifica cuando perciben emociones fuertes en sus madres, padres o cuidadores.
La Dra. Perla Leal Galicia, profesora de la Licenciatura en Psicología de la Universidad Iberoamericana, afirmó que la validación emocional puede influir en la adaptación al nuevo entorno. La docente señaló que el llanto es una reacción esperada entre los cero y cinco años, etapa en la que las infancias aún no comprenden que las personas siguen existiendo aunque no estén presentes.
La especialista explicó que el estado emocional de los adultos influye directamente en la vivencia infantil: “Si dejo a mi hijo con mucha angustia, él me va a percibir angustiada. Como todavía no sabe interpretar completamente la realidad, no pensará que su mamá o su papá lo extrañan, sino que puede sentir que existe un peligro”.
La calma de madres y padres facilita la adaptación
La Dra. Leal Galicia recomendó que los adultos trabajen primero en la regulación de sus emociones antes de acompañar a sus hijas e hijos en el proceso escolar. “Si nosotros estamos tranquilos porque sabemos que van a estar bien cuidados y seguros, podemos transmitirles esa calma. Poco a poco comprenderán que la escuela también es un lugar seguro”, detalló.
Parte de este acompañamiento consiste en anticipar y preparar el ingreso escolar. La profesora sugirió visitar previamente el plantel, conversar con las niñas y los niños sobre lo que sucederá y generar expectativas positivas sobre la experiencia. Cuando hay posibilidad, las incorporaciones graduales —por ejemplo, comenzando con jornadas más cortas— pueden ayudar a que las infancias se familiaricen con el ambiente y las rutinas.
Validar las emociones ayuda a contener el llanto
Intentar detener el llanto con frases como “ya no llores” o “no pasa nada” es un error frecuente, según la especialista. En lugar de eso, propone reconocer lo que sienten las infancias, explicarles qué pasará durante el día y recordarles que volverán a ver a sus madres, padres o cuidadores al final de la jornada. “Las niñas y los niños todavía están aprendiendo a regular sus emociones. Llorar frente a una situación nueva forma parte de ese proceso”.
La validación emocional no elimina el llanto de inmediato, pero ayuda a que las infancias se sientan comprendidas y contenidas. A medida que se repiten las rutinas de entrada y salida, y que madres y padres permanecen en calma, niñas y niños ganan confianza en el nuevo entorno.
La escuela potencia el desarrollo social y emocional
La Dra. Leal Galicia subrayó que la escuela aporta más que aprendizaje académico. La convivencia diaria, el juego y las actividades orientadas permiten que las infancias desarrollen habilidades para relacionarse, construyan autonomía y participen en experiencias clave para su desarrollo emocional y neurológico.
“Va a llegar un momento en que entren felices a la escuela y apenas volteen para despedirse. Mientras eso sucede, el mejor apoyo que pueden brindarles sus madres y padres es convertirse en ese lugar de calma y seguridad que necesitan para explorar el mundo”, explicó.
