Un análisis publicado en Cell Press Blue indica que reducir la ingesta de proteína puede alargar la vida y mejorar el metabolismo en diversos organismos. El estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Wisconsin-Madison, identifica procesos biológicos asociados a la restricción proteica y advierte que no es una recomendación universal.
Un nuevo análisis científico publicado en la revista Cell Press Blue pone en duda la idea de que más proteína equivale a mejor salud. Investigadores de instituciones de los Estados Unidos, liderados por Bailey Knopf y Dudley Lamming, del Departamento de Medicina de la Universidad de Wisconsin-Madison, revisaron décadas de estudios sobre restricción de proteína en organismos que van desde levaduras y moscas de la fruta hasta ratones y seres humanos.
El estudio concluye que no son las calorías totales las que determinan el envejecimiento, sino la cantidad de ciertos aminoácidos, los bloques con los que el cuerpo construye las proteínas, que se ingieren cada día.
Antecedentes contradictorios
Durante décadas, los médicos recomendaron a los adultos mayores aumentar el consumo de proteína para prevenir la sarcopenia, que implica pérdida de masa muscular, y reducir la fragilidad. Sin embargo, análisis de grandes bases de datos en Estados Unidos encontraron que más proteína se asocia con mayor riesgo de diabetes, cáncer y muerte cardiovascular. Un trabajo de 2023 en el Reino Unido con gemelos adultos mostró que comer más proteína se asocia con mayor riesgo de sarcopenia.
Hallazgos del análisis
Los investigadores evaluaron estudios previos sin realizar experimentos nuevos. Identificaron seis procesos biológicos que aparecen de forma consistente cuando un organismo reduce su consumo de proteína:
- Mejora del metabolismo: los animales con dieta baja en proteína comen más, pero acumulan menos grasa y controlan mejor el azúcar en sangre.
- Reducción de células senescentes: las dietas altas en proteína aceleran la acumulación de estas células en el hígado, el tejido graso y el riñón, mientras que la restricción proteica la revirtió.
- Activación de mecanismos de limpieza celular.
- Mejora de las mitocondrias, estructuras que producen energía dentro de cada célula.
- Cambios en los interruptores moleculares que regulan qué genes se activan con la edad.
- Reducción general de la fragilidad.
El motor del proceso metabólico es una hormona llamada FGF21, producida por el hígado, que sube de forma natural cuando hay menos proteína en la dieta. El estudio señaló que “los ratones con sobreexpresión de Fgf21 tienen un aumento significativo en la esperanza de vida, de aproximadamente un 30% en machos y un 40% en hembras, lo que implica que el FGF21 es una hormona geroprotectora”.
Sobre qué aminoácidos producen esos efectos, la investigación precisó que “la metionina y los aminoácidos de cadena ramificada —leucina, isoleucina y valina— son probablemente los principales impulsores, ya que la restricción de cada uno tiene beneficios tanto para la salud metabólica como para la longevidad en roedores”.
Recomendaciones y advertencias
Los investigadores advirtieron que la restricción de proteína no es una receta universal. Puede ser perjudicial para mujeres embarazadas, niños en crecimiento, personas que se recuperan de lesiones y adultos mayores con déficit proteico previo. Quienes hacen ejercicio también podrían necesitar más proteína que el resto.
El estudio planteó que “debemos trabajar juntos para diseñar dietas adecuadas para cada individuo, identificar métodos y métricas para evaluar los efectos de la dieta sobre la salud, la fragilidad y el envejecimiento, y comprender cómo los factores personales afectan las necesidades dietéticas”.

