La psicóloga Sara Navarrete señaló que el orden doméstico puede funcionar como un mecanismo de regulación emocional ante el estrés y la incertidumbre, y advirtió sobre los límites entre el hábito saludable y el trastorno psicológico.
La limpieza del hogar es una actividad cotidiana, pero en algunas personas puede convertirse en una conducta recurrente que, según especialistas, responde a la necesidad de reducir la ansiedad y no a una búsqueda de perfección.
La psicóloga Sara Navarrete, en una entrevista publicada en la revista ¡Hola!, afirmó que para ciertas personas el orden doméstico genera una sensación inmediata de calma y control cuando enfrentan incertidumbre, estrés, cansancio o caos mental.
Según Navarrete, la conducta de ordenar la cocina, lavar platos o acomodar objetos no responde exclusivamente a un criterio estético, sino a la necesidad de bajar la tensión interna. “El orden externo muchas veces funciona como una forma de regular el mundo interno. Hay personas para las que ordenar no es una cuestión de estética o práctica, sino emocional”, declaró la especialista.
La psicóloga vinculó esta conducta con las exigencias de la vida diaria, como problemas laborales, deudas, cansancio y una rutina saturada. En ese contexto, ordenar el hogar puede actuar como un refugio emocional que reduce la sobrecarga cognitiva y disminuye la producción de cortisol, lo que ayuda a calmar el sistema nervioso.
Navarrete explicó que un espacio desorganizado obliga al cerebro a procesar más estímulos de manera permanente, lo que puede aumentar el cansancio mental, la ansiedad y el estrés. “Muchas personas sienten que si el entorno está ordenado, ellas también están. Es algo simbólico, como una proyección que hacemos hacia el exterior de nuestro mundo interior”, sostuvo.
No obstante, la especialista advirtió que la limpieza puede convertirse en un problema psicológico cuando la preocupación por el orden y la higiene deja de ser una actividad funcional y genera ansiedad, malestar o interfiere con la vida diaria. Entre las señales de alerta mencionó la dedicación de varias horas al día a limpiar, la ansiedad intensa ante el desorden mínimo, el aislamiento social por miedo a los gérmenes, los conflictos familiares por temas de limpieza y la sensación de culpa si no se realiza la limpieza de cierta manera.
Navarrete indicó que los trastornos relacionados con esta conducta incluyen el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), el trastorno de ansiedad generalizada y, en el extremo opuesto, el trastorno de acumulación. Recomendó buscar apoyo profesional cuando la limpieza interfiere con el trabajo, la vida social o familiar, genera malestar emocional significativo o está acompañada de otros síntomas como insomnio, cambios de humor o pensamientos negativos persistentes.
