A pesar de contar con tratamientos efectivos y gratuitos, menos de la mitad de las personas infectadas con hepatitis C en Argentina conoce su diagnóstico. El país busca alcanzar las metas de eliminación de la OMS para 2030.
La hepatitis C cuenta desde hace casi una década con antivirales que curan más del 95% de los casos, con tratamientos breves, seguros y cubiertos por el sistema de salud argentino. Sin embargo, el país aún no alcanza las metas de eliminación fijadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para 2030.
Según estimaciones del Ministerio de Salud, entre 225.000 y 300.000 personas viven con infección crónica por el virus de la hepatitis C en Argentina. No obstante, menos de la mitad recibió un diagnóstico, y solo entre 35.000 y 45.000 iniciaron tratamiento. Esto implica que aproximadamente el 15% de los infectados fue tratado y menos del 12% logró curarse.
El doctor Marcelo Silva, director de la Unidad de Investigación Clínica del Hospital Universitario Austral, afirmó a PERFIL: «La mayor barrera para cumplir con los objetivos de eliminación del virus de la hepatitis C está en la brecha de detección». Silva agregó: «Llegar al diagnóstico es un paso imprescindible para obtener la cura, pero obviamente no es suficiente».
El acceso a los tratamientos está garantizado a través del Ministerio de Salud, obras sociales y prepagas. Sin embargo, muchos pacientes abandonan los controles o nunca inician la terapia. «Más allá de aumentar el testeo, es imprescindible trabajar sobre la adherencia al seguimiento y la revinculación al cuidado de aquellos pacientes ya diagnosticados que no fueron tratados», sostuvo Silva.
Un estudio regional liderado por el Hospital Universitario Austral en 45 hospitales de América Latina identificó 9.015 pacientes con hepatitis C crónica. De ellos, el 43,5% había perdido el seguimiento médico. Entre las causas se mencionaron la falta de cobertura, mudanzas, búsqueda de una segunda opinión y desconocimiento sobre la eficacia de los nuevos tratamientos y el riesgo de progresión de la enfermedad.
«En la Argentina hoy estamos en una situación ventajosa en lo que tiene que ver con el acceso al tratamiento. Las drogas son accesibles gratuitamente, son fáciles de administrar, se toleran muy bien y tienen una eficacia superior al 95%», destacó Silva. El especialista recordó que los antivirales de acción directa modificaron el pronóstico de una infección que durante décadas derivó en cirrosis, trasplante hepático y cáncer de hígado.
Los expertos recomiendan prestar atención a personas mayores de 40 años, especialmente entre 50 y 59 años, a quienes se inyectan drogas, a quienes recibieron transfusiones antes de los controles sistemáticos en sangre donada y a personas que viven con VIH. La detección temprana permite tratar la infección antes de complicaciones graves como cirrosis o carcinoma hepatocelular.
Silva concluyó: «La investigación clínica y el desarrollo de nuevos tratamientos son un paso fundamental para controlar esta epidemia silenciosa, pero por sí solos no garantizan la resolución del problema». La clave estará en combinar educación para los pacientes, estrategias de búsqueda activa y políticas sanitarias que faciliten el acceso al diagnóstico y al tratamiento antes de que la enfermedad avance.
