Tras la muerte del Indio Solari a los 77 años, se renovó el interés por el accidente cerebrovascular hemorrágico. Se explica en qué consiste, sus variantes y cómo se aborda médicamente.
Un accidente cerebrovascular (ACV) puede ser isquémico o hemorrágico. En el primero, el tejido cerebral muere por falta de riego sanguíneo. En el ACV hemorrágico, un vaso sanguíneo (arteria o vena) se rompe y la sangre se derrama hacia el cerebro. La gravedad depende del calibre del vaso afectado.
La muerte del cantante Indio Solari, a los 77 años, puso nuevamente en agenda este tipo de ACV. Las hemorragias intracraneales pueden ocurrir dentro del cerebro (hemorragia intracerebral o hematoma intraparenquimatoso) o entre las meninges, las membranas que separan el cerebro del cráneo. Según su ubicación, reciben nombres específicos: hemorragia subaracnoidea (entre aracnoides y piamadre), hematoma subdural (entre duramadre y aracnoides) o hematoma extradural (entre duramadre y hueso del cráneo).
Cada tipo tiene causas predominantes. El hematoma subdural y extradural suelen deberse a traumatismos de cráneo. La hemorragia subaracnoidea es causada principalmente por la ruptura de un aneurisma cerebral. El hematoma intracerebral es frecuentemente asociado a hipertensión arterial. Todas estas situaciones son consideradas graves.
La sangre acumulada daña el área cerebral donde ocurrió el sangrado, afectando funciones como el movimiento o el lenguaje. Si el hematoma es grande, aumenta la presión dentro del cráneo (hipertensión endocraneana), ya que el cráneo no puede expandirse. No todos los ACV hemorrágicos requieren cirugía; la intervención quirúrgica se indica cuando el volumen del hematoma es grande o para reducir la presión endocraneana y evitar daño adicional al cerebro sano.
