La pandemia de Covid-19 expuso la fragilidad sanitaria de América Latina, pero hoy la producción regional de vacunas avanza con fuerza. Desde la OPS destacan los avances en autosuficiencia y los beneficios para la seguridad sanitaria y la economía.
Las imágenes de 2021 aún resuenan: filas interminables en América Latina esperando vacunas contra el Covid-19 que llegaban lentamente, mientras los países ricos ya las tenían. La pandemia no solo dejó millones de víctimas, también evidenció una dependencia casi total de proveedores externos y un poder de negociación limitado en el escenario global.
Desde la Organización Panamericana de la Salud (OPS) se impulsó un enfoque pragmático para cerrar esa brecha: ampliar la producción regional de vacunas y tecnologías de la salud. No se trata de que cada país fabrique todo de forma aislada, sino de priorizar áreas donde la capacidad local o compartida permita resolver problemas de suministro, costos o respuesta rápida, avanzando hacia sistemas de salud más autosuficientes.
Hoy, ese camino da frutos. Antes de la pandemia, en 2020, los mecanismos de compra conjunta de la OPS adquirían apenas el 1,5% de sus vacunas a proveedores regionales. En 2025, ese porcentaje alcanzó el 23%, con el objetivo de superar el 40%. Producir en la región implica previsibilidad: tiempos de entrega más cortos, menor exposición a interrupciones globales y capacidad de respuesta rápida ante emergencias. También impulsa la innovación, genera empleo calificado y fortalece las economías locales, además de reducir el impacto ambiental al acortar distancias de transporte.
Un hito clave es la vacuna antineumocócica conjugada 20-valente (PCV-20). Gracias a un acuerdo entre los Fondos Rotatorios Regionales (FRR), Pfizer y Sinergium Biotech, de Argentina, esta tecnología estará disponible para la región desde 2026, permitiendo a países de ingresos medios acceder más rápidamente a una innovación que antes dependía del exterior.
Otro ejemplo es la producción de vacunas contra la influenza. En 2025, alrededor del 10% de las compras a través de los FRR provenían de productores regionales; para 2026, esa proporción alcanzará el 65%, con un rol clave de Sinergium y del Instituto Butantan de Brasil. Argentina pasó de cubrir el 8% al 50% de la demanda regional y redujo el precio unitario en un 15%. Además, un acuerdo con CSL Seqirus y Sinergium permitirá transferir tecnología de cultivo celular para producir vacunas frente a nuevas cepas de influenza, con una plataforma operativa hacia 2028 que consolida a Argentina como productor regional, con potencial de exportaciones de hasta 250 millones de dólares anuales.
La producción regional requiere autoridades regulatorias sólidas, políticas industriales coherentes, talento especializado e incentivos estables. La Plataforma Regional de Innovación y Producción de la OPS impulsa la investigación aplicada y las alianzas entre países, gobiernos y sector privado. Un ejemplo es el trabajo en ARN mensajero: la plataforma apoyó a Bio-Manguinhos, en Brasil, y facilitó la transferencia de tecnología a Sinergium, hoy aplicada en prioridades como la leishmaniasis y la preparación ante futuras pandemias.
En 2025, los Fondos Rotatorios entregaron 234 millones de dosis de vacunas y otros insumos, alcanzando a 85 millones de personas. Los precios fueron en promedio 50% más bajos para vacunas y entre 60% y 90% más accesibles en medicamentos de alto costo, optimizando el uso de los recursos públicos. El modelo funciona y su potencial va más allá de las vacunas.
