Especialistas en salud capilar aclaran que el uso de gorras no causa calvicie por sí mismo, aunque su uso inadecuado puede generar problemas en el cuero cabelludo.
La creencia popular de que el uso frecuente de gorras provoca la caída del cabello carece de respaldo científico. Según expertos en salud capilar, cubrir la cabeza no afecta el funcionamiento de los folículos pilosos, ya que estos se nutren internamente a través del flujo sanguíneo y no dependen del aire exterior para su oxigenación.
Portales especializados como Hospital Capilar señalan que, lejos de ser perjudiciales, estos accesorios pueden actuar como barrera protectora frente a la radiación solar. Sin embargo, la forma en que se utilizan sí puede generar complicaciones.
La Clínica Cleveland advierte que el uso de gorras muy ajustadas o que generen calor excesivo podría disminuir el flujo sanguíneo hacia los folículos, causando estrés y, potencialmente, una caída temporal del cabello. Si la tensión se mantiene en el tiempo, podría derivar en una alopecia permanente por tracción.
«Creemos que es posible que usar sombreros muy ajustados o que den mucho calor disminuya el flujo sanguíneo a los folículos pilosos, lo que podría causarles estrés o demasiada tensión», explicó el dermatólogo John Anthony a la misma institución. También mencionó que ciertos peinados tensos utilizados debajo de la gorra, como colas o trenzas, pueden agravar este efecto.
La caída diaria de entre 100 y 150 cabellos es parte de un ciclo normal. La forma más común de pérdida de cabello es la alopecia androgenética, de origen genético y hormonal, según los Institutos Nacionales de Salud (NIH). Este proceso, vinculado a la acción de la dihidrotestosterona, es progresivo y no está relacionado con el uso de gorras.
En conclusión, el uso de gorras puede tener efectos neutros o incluso protectores, siempre que no ejerza presión excesiva sobre el cuero cabelludo y se mantenga una correcta higiene.
