Severino González adoptó a un niño de diez años tras un proceso legal que describe como accesible, desmitificando trámites y destacando la importancia de darle una familia a niños mayores.
En un café de Puerto Madryn, Severino González comparte la historia de cómo se convirtió en padre a través de la adopción. A sus 40 años, y sin una pareja estable, decidió iniciar los trámites para adoptar un niño, un proceso que culminó con la llegada de un adolescente a su vida.
González explicó que, tras consultar en la oficina local de adopción dependiente del Juzgado de Familia, presentó la documentación requerida: certificado de salud, libre deuda, antecedentes penales y comprobante de estabilidad económica. Según su relato, el proceso no resultó complejo en su etapa inicial.
«No digo que sea fácil pero hay un poco de mito, digamos. Presentar los papeles, armar la carpeta, no es complejo», afirmó. Tras completar la carpeta, comenzaron las entrevistas con profesionales de asistencia social, una abogada y una psicóloga, quienes evaluaron su idoneidad. Su condición de soltero y su edad no fueron impedimentos.
Durante la etapa de espera, González se preparó informándose sobre adopción, con especial atención en la realidad de los «niños grandes», aquellos de cinco años o más que esperan una familia. Decidió que su perfil de adopción sería precisamente un niño mayor, considerando que un bebé requeriría una atención constante para la cual no contaba con apoyo familiar cercano.
El llamado llegó un viernes por la noche. Le informaron sobre un niño de diez años en situación de adoptabilidad. Aunque inicialmente figuraba séptimo en una lista de posibles adoptantes, fue seleccionado para una entrevista con la jueza y, finalmente, para conocer al niño, identificado como T.
El primer encuentro se produjo el 28 de febrero de 2024. «Ahí apareció por una ventana con melena, los pelos largos porque no se los quería cortar. Se tapaba la cara», recordó González con emoción. Tras ese momento, iniciaron un proceso de vinculación que incluyó visitas y actividades compartidas.
El niño, descrito como amoroso y futbolero, se integró a la vida de González, que incluye mascotas y un club en la playa. Los primeros seis meses estuvieron supervisados por las autoridades, con visitas cada vez más espaciadas, hasta que quedaron solos como familia.
La ley de adopción en Argentina prioriza los derechos del niño y agota las instancias con la familia biológica antes de declarar la adoptabilidad. González destacó la importancia de este marco legal para garantizar un proceso responsable.
