La propiedad donde vivió el cineasta y político durante décadas está en venta. La familia relata el peso emocional de la decisión y los intentos previos de convertirla en un centro cultural.
La venta de la casa que perteneció a Fernando ‘Pino’ Solanas en Olivos trasciende lo meramente inmobiliario y se adentra en el terreno de la memoria y el legado cultural. La propiedad, adquirida tras su regreso del exilio, fue durante años su vivienda, estudio de trabajo y lugar de encuentro con artistas y referentes políticos.
El inmueble, valuado en 598 mil dólares, tiene 338 metros cuadrados, tres plantas, 8 habitaciones y 4 baños. Conserva la fachada original de más de cien años, considerada emblemática de la zona, pero su interior fue completamente rediseñado a fines de los noventa por el arquitecto Juan Molina y Vedia, añadiendo una planta alta y el estudio donde Solanas editaba sus películas.
En declaraciones, su hija Victoria Solanas confirmó que en los últimos años existieron gestiones para reconvertir la propiedad en un centro cultural, con conversaciones con funcionarios e instituciones. Parte del archivo audiovisual del cineasta ya fue trasladado a un espacio de resguardo en la Municipalidad de Avellaneda.
La decisión de vender, sin embargo, está marcada por factores personales. Ángela Correa, viuda de Solanas, explicó que a sus 72 años la casa se le volvió demasiado grande y silenciosa. «Es el silencio de esperar a alguien que no vuelve más», señaló, describiendo el proceso como «violento» pero necesario. Correa planea regresar a Brasil para reencontrarse con su familia.
La venta también se da en un contexto de discusiones sobre el legado de Solanas. La utilización de su nombre por una fundación vinculada al partido Proyecto Sur generó diferencias con la familia, que evalúa crear una estructura propia para preservar su patrimonio.
