viernes, 28 febrero, 2025
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Insólito: contrabandistas humillaron con piedras a las fuerzas del régimen masista

El reciente enfrentamiento entre contrabandistas y fuerzas estatales en el río Mamoré, Beni, pone en duda la efectividad de la lucha contra el contrabando. La agresión, ocurrida la tarde del miércoles, dejó en evidencia la vulnerabilidad de los efectivos de la Armada Boliviana y de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), quienes se vieron obligados a cesar la persecución cuando los delincuentes cruzaron la frontera hacia Brasil. 

Mediante las imágenes difundidas del hecho se pudo apreciar que los contrabandistas solo necesitaron usar piedras, palos y cohetes para arremeter contra las autoridades del Estado. Así mismo, esto evidencio que las fuerzas del orden no pudieron responder ante la agresión de estos delincuentes y solo los conminaron a entregarse.  

El ataque en el Mamoré no es un hecho aislado, sino parte de una preocupante tendencia. En diferentes puntos del país, las fuerzas estatales han sido superadas por contrabandistas cada vez más violentos. Hace dos semanas, en la frontera con Chile, dos militares fueron brutalmente golpeados y estuvieron a punto de ser quemados vivos por una turba que los emboscó tras el decomiso de mercadería ilegal. Este hecho solo se evitó gracias a la intervención de mujeres del lugar, refleja la extrema agresividad con la que operan estos grupos ilegales.

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Los delincuentes actúan con total impunidad

Más allá de la violencia de los contrabandistas, estos incidentes revelan serias falencias en la estrategia estatal para combatir este delito. Las fuerzas de seguridad parecen insuficientemente equipadas y con limitadas facultades para actuar cuando los delincuentes cruzan las fronteras. En el caso del Mamoré, la persecución terminó abruptamente cuando los contrabandistas pasaron a territorio brasileño, lo que deja abierta la interrogante sobre la falta de coordinación con países vecinos para enfrentar el problema.

El contrabando de combustible es un problema estructural en Bolivia, donde los precios subvencionados del diésel y la gasolina han creado un negocio lucrativo para los traficantes. Según datos oficiales, miles de litros de combustible cruzan ilegalmente las fronteras cada mes. Esta actividad no solo genera pérdidas económicas al Estado, sino que también profundiza la escasez interna, afectando a transportistas y productores que dependen del suministro de carburantes para sus actividades.

En este contexto, el despliegue de operativos de control no ha sido suficiente. Aunque el régimen ha anunciado un reforzamiento en la vigilancia fronteriza, los ataques a militares continúan con una frecuencia alarmante. En noviembre del año pasado, contrabandistas en la frontera con Perú golpearon y desarmaron a una patrulla militar, quemando su vehículo en plena operación. La impunidad con la que actúan estos grupos deja en evidencia que las estrategias estatales no están logrando contener la situación.

La falta de voluntad fortalece el contrabando

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Uno de los mayores problemas en la lucha contra el contrabando es la falta de equipamiento y respaldo a las fuerzas de seguridad. Los militares que patrullan las fronteras suelen encontrarse en clara desventaja frente a grupos que operan con armas y vehículos más potentes. Además, la ausencia de protocolos de cooperación internacional limita la capacidad de persecución cuando los delincuentes cruzan las fronteras para evitar ser capturados.

La violencia que rodea estas actividades ilícitas no solo afecta a las fuerzas del orden, sino que también amenaza a las comunidades cercanas. La emboscada en la frontera con Chile demuestra que los contrabandistas están dispuestos a recurrir a cualquier método para proteger su negocio, incluso poniendo en peligro la vida de los ciudadanos. A esto se suma la posibilidad de que estos grupos tengan vínculos con el crimen organizado, lo que agrava aún más el panorama de inseguridad en las regiones fronterizas.

Si bien las autoridades han asegurado que se tomarán medidas para fortalecer los controles, las acciones hasta ahora han resultado insuficientes. El caso de los militares atacados en Patacamaya y la falta de respuestas contundentes ante estos hechos generan dudas sobre la capacidad estatal para enfrentar la creciente violencia en la frontera. La ausencia de reportes oficiales sobre estos incidentes también deja en entredicho la transparencia en la gestión de esta crisis.

¿Las Fuerzas Armadas están preparadas para combatir a estos delincuentes?

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Es evidente que el contrabando no es solo un problema económico, sino también de seguridad nacional. La presencia de organizaciones criminales que operan con impunidad en las fronteras bolivianas requiere una respuesta más contundente y coordinada. De lo contrario, los ataques contra militares y agentes del Estado seguirán ocurriendo, debilitando aún más la autoridad estatal y fortaleciendo el control de los contrabandistas sobre estas zonas.

La falta de sanciones efectivas y la impunidad con la que operan los contrabandistas han contribuido a que esta actividad se expanda. Los casos recientes han demostrado que incluso cuando los militares logran realizar decomisos, las represalias son inmediatas y brutales. Esto plantea una interrogante sobre si las fuerzas de seguridad están realmente preparadas para enfrentar a un enemigo que no solo cuenta con recursos, sino también con una estructura organizada.

La situación actual exige una revisión profunda de las estrategias de lucha contra el contrabando. Se necesita no solo mayor presencia militar en las fronteras, sino también una mejor coordinación con los países vecinos para evitar que los delincuentes utilicen los límites territoriales como refugios seguros. Además, es fundamental que  las fuerzas de seguridad cuenten con mejores herramientas para enfrentar la creciente violencia de estos grupos.

El caso del río Mamoré es solo un ejemplo más de la fragilidad de las fuerzas estatales frente al crimen organizado. Si el Estado no refuerza sus capacidades y redefine sus estrategias, seguirá viéndose superado en una lucha donde los contrabandistas parecen tener la ventaja. En este escenario, la pregunta no es solo si el régimen masista puede frenar el contrabando, sino si realmente está dispuesto a hacerlo con la firmeza que la situación demanda.

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