Un análisis de datos educativos, psicológicos y psicométricos sugiere que el declive cognitivo comenzó décadas antes de la expansión de internet y los teléfonos inteligentes, y que la inteligencia artificial no es la causa sino un amplificador de problemas preexistentes.
Un análisis de datos educativos, psicológicos y psicométricos sugiere que el declive cognitivo comenzó décadas antes de la expansión de internet y los teléfonos inteligentes, y que la inteligencia artificial no es la causa sino un amplificador de problemas preexistentes.
Según un estudio de mayo de 2023 realizado por investigadores de Harvard, Stanford y Dartmouth, los puntajes de lectura de 35 millones de estudiantes estadounidenses vienen cayendo desde 2013, siete años antes de la pandemia y una década antes de ChatGPT. En Argentina, el 54% de los adolescentes no alcanza el nivel mínimo de lectura en las pruebas PISA, frente al 26% del promedio de la OCDE. En el cuartil más favorecido, tres de cada diez no alcanzan ese nivel.
En matemática, un estudio de 1977 de la australiana M.A. Newman midió que casi la mitad de los errores de los alumnos ocurre antes de la primera cuenta, al comprender el enunciado y traducirlo a una operación. La OCDE reporta una correlación de 0,80 entre lectura y matemática. El 72,7% de los argentinos de quince años no supera el mínimo en matemática, mientras que el 54% tampoco lee.
El Efecto Flynn, que describe el aumento del coeficiente intelectual durante el siglo XX, se revirtió según un estudio de 730.000 jóvenes noruegos, que ubica el pico en los nacidos en 1975. El declive comenzó una década antes de internet masiva y veinte antes del smartphone. La comparación entre hermanos descarta la genética, indicando una causa ambiental.
En salud mental, el psicólogo Peter Gray publicó en 2011 datos que muestran un aumento de la ansiedad y la depresión infantil desde mediados del siglo XX, con la pendiente más pronunciada en los años ochenta, cuando se recortaron el recreo, la calle y el juego libre. Francesco Tonucci propuso devolver la ciudad a los niños en 1991. La evidencia sobre prohibir celulares en las escuelas muestra mejoras modestas en atención y notas, pero ninguna en salud mental.
Los cuatro instrumentos –lectura, matemática, psicometría y psicopatología– coinciden en que el origen del declive es anterior a la pantalla. La prohibición de dispositivos es una medida que no aborda las causas subyacentes. La solución propuesta es rediseñar la escuela para entrenar deliberadamente la lectura profunda, el pensamiento formal y la autonomía, y usar la IA como un espejo de la calidad de las preguntas, no como máquina de respuestas.
