Empresarios de Tucumán y Córdoba reportan cortes en el suministro de gas natural, costos hasta nueve veces superiores y falta de previsibilidad contractual, en el marco de una crisis energética que afecta la producción industrial.
La interrupción del suministro de gas natural en el Norte Grande y en Córdoba generó un incremento en los costos de producción y denuncias por incumplimiento de contratos, según informaron fuentes industriales. En Tucumán, la Unión Industrial de Tucumán (UIT) advirtió que los faltantes comprometen la producción, el empleo y la competitividad de las economías regionales. La UIT señaló que estas restricciones ocurren sin registrarse temperaturas extremas que justifiquen una emergencia.
La UIT indicó que las empresas enfrentan costos extraordinarios por gas importado, con valores cercanos a los 27 dólares por millón de BTU, mientras que en otras regiones del país el mismo insumo ronda los 3 dólares. Esta diferencia de hasta nueve veces encarece la producción local y profundiza las asimetrías con el centro del país.
La entidad valoró las gestiones del gobierno provincial para defender los intereses de la industria tucumana, pero subrayó que la solución de fondo requiere un cambio de rumbo nacional. La UIT exigió transparencia en el funcionamiento del mercado energético y preguntó quién se beneficia con este esquema que obliga a las industrias a pagar un gas hasta nueve veces más caro.
En Córdoba, las restricciones e interrupciones de gas afectan la continuidad operativa de industrias que dependen de este insumo esencial. El sector productivo cordobés afirmó que no se trata de una incomodidad administrativa, sino de plantas que deben reducir actividad, reorganizar procesos, incumplir programas de entrega o asumir costos extraordinarios. La falta de previsión en el sistema energético se traslada al sector fabril, que necesita certezas para sostener sus niveles de actividad.
Los industriales señalaron que las empresas tienen que producir y no pueden convertirse en especialistas en licitaciones de GNL, contratos energéticos y penalidades. Destacaron que las pequeñas y medianas industrias son las más vulnerables y no cuentan con estructuras para resolver individualmente una crisis sistémica. Cada corte obliga a frenar producción o a reemplazar el gas por alternativas más caras, lo que encarece la estructura de costos.
Persiste la inquietud por la falta de transparencia y la asimetría de información en los criterios de restricción, así como por la escasa certeza sobre la disponibilidad real de gas en el sistema. Los industriales sostienen que el Estado debe prevenir, ordenar y hacer cumplir las reglas, advirtiendo que, de lo contrario, el mercado queda librado a una lógica de “ley de la jungla”. Enfatizan que la energía debe ser una condición para producir, no un obstáculo que paralice a quienes generan empleo.
El déficit geológico de la Cuenca Noroeste, que hoy aporta apenas el 20% de su capacidad histórica, y los tiempos de la infraestructura en la Reversión del Gasoducto Norte generan un cuello de botella. Ante la inviabilidad económica de recurrir al GNL importado, cuyos precios se dispararon por el conflicto bélico en Irán, las plantas tucumanas operan al 60% de su capacidad instalada. Fuentes del sector indicaron que todas las fábricas están sujetas a un posible riesgo de falta de gas o un encarecimiento muy fuerte.
Este escenario desplazó la discusión de los márgenes de rentabilidad hacia la supervivencia del empleo industrial. Con un ritmo de pérdida de puestos de trabajo que promedia los 3.000 a 4.000 mensuales a nivel nacional, la inestabilidad laboral en el norte es una consecuencia directa de la falta de previsibilidad. Las empresas tucumanas se reunieron con las distribuidoras para monitorear la crisis y evalúan recurrir a energías alternativas de mayor costo o disponer suspensiones y paradas de planta.
La cúpula industrial sostiene que la industria no puede seguir siendo la variable de ajuste. El reclamo es por reglas claras, infraestructura y previsibilidad para producir, invertir y generar empleo. Sin una respuesta de los despachos nacionales que garantice la equidad en el abastecimiento, las economías regionales se enfrentan a un invierno donde el frío impactará sobre el tejido fabril y la estabilidad social de miles de familias.
