El cuarzo gana terreno en las cocinas argentinas por su resistencia, bajo mantenimiento y variedad estética, desplazando al tradicional mármol.
Durante años, el mármol fue el material estrella para mesadas de cocina, pero el cuarzo avanza como una alternativa que combina elegancia, durabilidad y practicidad. Este material compuesto, formado por un 90% a 95% de cuarzo triturado unido con resinas y pigmentos, ofrece una amplia gama de colores y texturas que imitan piedras naturales como el calacatta o el carrara.
En términos de resistencia, el cuarzo supera al mármol: no absorbe líquidos, es resistente a manchas de limón, vino o vinagre, y soporta mejor los golpes. Su mantenimiento es sencillo, con limpieza de agua y detergente, sin necesidad de sellados periódicos. Esto lo convierte en una opción ideal para cocinas de uso intensivo, donde la funcionalidad es clave.
La evolución tecnológica permitió que el cuarzo logre vetas profundas y superficies realistas, superando su aspecto artificial de generaciones anteriores. Además, su precio, aunque no siempre menor que el del mármol, resulta más predecible y estable, sin depender de fluctuaciones internacionales. En cuanto a sustentabilidad, muchos fabricantes incorporan materiales reciclados y procesos eficientes, reduciendo el impacto ambiental frente a la extracción del mármol.
Si bien el mármol conserva su valor por su belleza única y carácter artesanal, el cuarzo se posiciona como la opción preferida para quienes buscan diseño sin sacrificar comodidad. La tendencia refleja un cambio en la forma de habitar la cocina, integrada al living y con exigencias de uso diario.
