Con 21 años, el hijo menor del famoso músico elige el camino del deporte profesional en Europa, destacándose por su dedicación y alejado de los reflectores del espectáculo familiar.
Creció en un entorno marcado por la música y la fama mundial de su padre, Phil Collins. Sin embargo, Mathew Collins, de 21 años, decidió seguir una vocación diferente: la del fútbol profesional. Nacido en Suiza en 2004, hijo del músico y la traductora Orianne Cevey, Mathew encontró en el deporte su verdadera pasión desde muy joven.
«El fútbol siempre fue lo más importante para mí. Desde muy joven quise ser futbolista profesional», declaró al periódico Krone. Esta determinación lo llevó, a los 14 años, a mudarse de su hogar familiar para ingresar a un internado de alto rendimiento en Evian, Francia.
A los 16 años, dio un nuevo paso en su carrera trasladándose a Alemania, donde pasó por las divisiones juveniles del Astoria Walldorf y del Hannover 96. «Al principio no fue fácil en Alemania porque no hablaba el idioma. Pero, en general, fue la decisión correcta porque el fútbol me ha hecho muy feliz», confesó el mediocampista.
Posteriormente, su carrera dio un salto al WSG Tirol de Austria y, en junio del año pasado, firmó contrato con el Austria Salzburg. El presidente del club, Claus Salzmann, destacó: «Estamos encantados de que Mat nos haya elegido. Es una persona muy sencilla y con los pies en la tierra, por lo que también encaja a la perfección con el Austria a nivel personal».
Lejos de las presiones del mundo del espectáculo, Mathew ha contado con el apoyo constante de su padre, quien ha respetado su decisión de mantenerse al margen de la industria musical. Las imágenes de ambos en los estadios europeos reflejan una relación basada en el orgullo y el respeto mutuo.
