Jorge Luis Borges dedicó un poema al diálogo entre Jesús y el llamado ‘Buen Ladrón’ en la crucifixión. Analizamos su interpretación literaria y su visión sobre la inspiración poética.
En el Evangelio según San Lucas, uno de los relatos del Viernes Santo describe a dos ladrones crucificados junto a Jesús. Mientras uno lo increpa, el otro, conocido como el ‘Buen Ladrón’, le pide: ‘Señor, acuérdate de mí cuando vayas a tu Reino’. A lo que Cristo responde: ‘Hoy estarás conmigo en el Paraíso’. Este pasaje, donde no se revela la identidad del ladrón, ha sido fuente de reflexión teológica y literaria a lo largo de los siglos.
El escritor argentino Jorge Luis Borges lo evocó en su poema ‘Lucas XXIII’. Sus versos comienzan: ‘Gentil o hebreo o simplemente un hombre / cuya cara en el tiempo se ha perdido; / ya no rescataremos del olvido / las silenciosas letras de su nombre’. Borges capta el misterio de una figura anónima que, en el momento extremo, reconoce la divinidad de Cristo.
El poema continúa recreando el diálogo: ‘…oyó, entre los escarnios de la gente, / que el que estaba muriéndose a su lado / era Dios y le dijo ciegamente: / Acuérdate de mí cuando vinieres a tu reino’. Para Borges, este intercambio, donde ‘nada más dijeron hasta que vino el fin’, permanece inmortalizado por la historia.
Según registros de la crítica literaria, Borges reconocía el valor formativo de la Biblia. En una conferencia en la Universidad de Harvard, destacó a los Evangelios, junto con ‘La Ilíada’ y ‘La Odisea’, como obras capitales, señalando que ‘la historia de Cristo no puede ser contada mejor’.
Borges también reflexionó sobre el origen de la creación poética. En el prólogo de su ‘Obra poética’, equiparó la inspiración a la invocación griega de la musa o al Espíritu Santo de la tradición hebrea, considerándola un ‘brusco don’. En su poema ‘Mateo XXV, 30’, escribe: ‘Desde el invisible horizonte y desde el centro de mi ser, / una voz infinita dijo estas cosas’. Para el autor, el poeta intenta captar y transmitir un mundo superior, aunque la tarea sea inagotable: ‘el poema es inagotable’ y ‘no llegará jamás al último verso’, como expresó en ‘Otro Poema de los Dones’.
